Balada de un recuerdo

No sé a ustedes, pero a mí me resulta fascinante acordarme de las personas que han pasado por mi vida.

Una manera que tengo, es recordar la forma en que esas personas me han llamado:  Mai, Mauro, Mao, Mauricio, Maurito, Mauricín, Mauricillo, Monchis, mono ( porque alguna vez tuve pelo y fui mono) y por supuesto, pa y papi como me dicen mis hijas.

Cada forma tiene su propio sonido, su propia cara, su propia caja de recuerdos. Incluso algunos me han llamado igual, pero cada uno tiene un tonito que distingo. En realidad, ya no me interesa lo que significa mi nombre sino lo que representa para cada uno de los que me quiere, el lugar que ocupo en su corazón.

 

Cada forma tiene su propio sonido, su propia cara, su propia caja de recuerdos.

 

Con sólo pensarlo, me atropellan los recuerdos. Con cada uno sé qué pasó, qué hicimos, qué nos dijimos, el amor que nos tuvimos, el dolor que nos causamos, la risa, la rabia, los miedos. Todo. Soy una especie de Irineo Funes, el del cuento de Borges que sufría de hipermnesia, que es la condición cerebral que impide borrar algún recuerdo. El memorioso, lo llamaba. Afuera llueve, como hace rato no llovía en Bogotá. Las gotas golpean el techo. Suena Canción para ti de Frank Quintero. En el apartamento de mi vecino huele a café.

No tengo duda alguna que soy mis otros, porque todos me han dejado algo que me han hecho lo que soy. Cesare Pavese, el escritor italiano dice que “es bonito escribir porque reúne dos alegrías: Hablar solo y hablarle a una multitud”, pero yo creo que es más bonito recordar porque es sacar a pasear el corazón.

La manera en que me llaman es una forma de cariño, un garabato de afecto, que de alguna manera me hace sentir único y especial. A mi edad y con lo que me pasa cada día no creo ni que me vuelva viral ni que en la calle coreen mi nombre o formen un tumulto y por eso prefiero esos amores solitarios, esas amistades específicas y concretas, en las que no necesitamos, ni nos sobra, donde damos todo sin preguntar, sin exigir, sin pedir y nos llamamos de la forma que nadie más lo hace. Sigue lloviendo, mientras escucho a Luther Vandross. Mi vecino ahora fuma marihuana…

Mirar para atrás es una forma de no irme. Es una forma de quedarme donde siempre quiero estar. No sé a ustedes, pero a mí me resulta fascinante acordarme de las personas que han pasado por mi vida…

Mauricio Lievano

“Me gustan los juegos de palabras. En realidad más los juegos que las palabras”. Fundador de Atardescentes

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