Brujas, las de antes

Brujas siempre han existido y siempre existirán, porque más que una cuestión de pócimas u hechizos, ser bruja es una postura ante la vida. Bruja es aquella jefe que le hace infeliz la vida a sus subalternos. Bruja es la suegra que con cada comentario urticante intenta – y la mayoría de las veces lo logra- hacer sentir como el ser más miserable a su yerno. Bruja es esa tía bigotuda que todos tenemos y que con esos comentarios entrequesi y entrequeno, siembra dudas en el alma. Brujas, brujas, brujas, en cada esquina, en cada parada de Transmilenio…

 

Durante los siglos XII y XIII, el concepto de brujería se equiparó con el de hechicería debido principalmente a las tradiciones cristianas vigentes. Hasta ese momento su práctica no se castigaba con la muerte, siempre y cuando esta no derivara en un daño concreto. En el siglo XIV las cosas cambiaron y el uso del término se extendió al de la herejía que se entendía como la traición a Dios y que podía definirse como el “rechazo consciente de un dogma o la rígida adhesión a una secta cuyas doctrinas han sido condenadas por la iglesia por ser contrarias a la fe”. Tal hecho fue el responsable “legal” del asesinato de miles de personas en Europa durante esa época.

 

A pesar de que en muchas partes del mundo la brujería se practicó y se castigó, el concepto no llegó a generalizarse debido a su carácter eminentemente cristiano, que le dio libertad a la Inquisición para actuar contra todas aquellas personas sobre las que se tuviera siquiera una sombra de duda con respecto de sus actividades.

Más que una cuestión de pócimas u hechizos, ser bruja es una postura ante la vida.

El Papa Juan XXII confirió a la “santa” institución, el control absoluto sobre todas las modalidades de hechicería, aunque fue otro Papa, Nicolás V, junto con el inquisidor de Francia, Hughes Lenoir, quienes publicaron el “Malleus Maleficarum” considerado como el primer manual que codificó la brujería como una herejía y que incluyó, además, términos como pacto, aquelarre y vuelo nocturno.

 

La imagen popular que se tenia de la bruja como encarnación del mal, era la de una mujer vieja, coja, de ojos nublados, pálida, sucia y llena de arrugas. Como la gran mayoría de acusadas de brujería fueron mujeres, tal fue la idea que prevaleció, incluso en los cuentos infantiles. La fealdad, pues, llego a ser considerada indicio de tal condición. Otras ideas en torno a estos personajes eran las de mujeres engañadas y persuadidas por el diablo, quien las obligaba a firmar un pacto mediante el cual se podía realizar cualquier acto de maldad, como agitar los aires con rayos y tempestades, ser transportadas por su demonio familiar que adoptaba formas de cabras, cerdos, terneros y otros animales. Se decía además que la bruja había olvidado el Padre Nuestro pero a cambio tenía una lengua bien afilada. Así, a partir de 1400, la Inquisición arremetió contra las brujas e incluso ayudó a extender la idea de que ellas constituían un grupo o una secta organizada a la que fue muy fácil atribuirle reuniones y ritos extraños. Uno de ellos fue conocido como aquelarre que se explicaba como una reunión de brujas y demonios en la que se llegaba al punto máximo de satanismo mediante la parodia blasfema de ritos cristianos, orgías interminables y planes para subvertir el orden establecido que debía entenderse como el nudo indesatable de la Iglesia con el Estado. También surgió el término sabbat, que muchos equiparaban con el aquelarre, mientras que otros pensaban que era una palabra hebrea que servía para designar el séptimo día y que fue atribuida a las actividades de las brujas por hostilidad hacia los judíos.

 

La fealdad, llego a ser considerada indicio de brujería

Fue tanta la confusión semántica, la paranoia de la persecución, que fiestas sagradas para algunos pueblos, perdieron ese carácter y por obra y gracia de la Inquisición, pasaron a ser simples celebraciones de aquelarres: el 31 de octubre ( origen de nuestro Hallowen) y el 30 de abril, festivos para los celtas y los galos; la fiesta invernal del 2 de febrero, la primaveral, la estival del 1 de agosto y la otoñal del 21 de diciembre, fechas en las que los pueblos paganos de Europa celebraban el paso de una estación a otra.

 

Los procesos tuvieron su punto culminante durante la etapa de transición del feudalismo al capitalismo y muchas injusticias cometidas en ese entonces sirvieron como referencia para condenas posteriores. En 1597 gracias a la publicación de un decreto del Rey Jaime se desencadenó en Aberdeen, Escocia, una cacería de brujas que desembocó en la ejecución de 24 personas a las que se acusaba de bailar con el diablo alrededor de la cruz, emplear la ligadura para incitar a los hombres casados a ser infieles, agriar la leche y embrujar animales.En Francia, la situación no variaba mucho, mientras que en Inglaterra, el primer proceso por brujería fue durante el reinado de Isabel I en 1566 y fue conocido como el del “las brujas de Chelmsford”. Sin embargo, el juicio más conocido fue el de las brujas de Lancashire, donde murieron más de veinte personas acusadas de volar y adoptar diferentes formas de animales para celebrar sus aquelarres. En América el proceso más recordado fue el de las brujas de Salem en Massachussets. Todo lo referente a brujas y demonios llegó a los Estados Unidos con los primeros colonizadores ingleses. En casa del reverendo Samuel Parris se reunía un grupo de jóvenes a escuchar las historias que contaba Tituba, la esclava del referendo. Una hija y una sobrina de Parris se dejaron impresionar de tal modo que empezaron a dar muestras de subordinación y desobediencia a los mayores. Su ejemplo cundió entre las demás niñas del pueblo y ante la extrañeza de los padres por ese comportamiento, se lo achacaron a los maleficios de las personas que más antipatía les causaban. Así lo que comenzó como una mala broma, terminó con la muerte de muchas personas inocentes.

 

Las brujas se modernizaron. Hoy son presidentas de corporación y políticas

En Colombia, por otra parte, tal vez la ciudad más golpeada por este tipo de procesos fue Cartagena, sede a su vez de la Real Inquisición durante los tiempos de la Colonia. Allí se les achacaron todos los problemas – léase resistencia a la domesticación y a la teologización- a la población negra y esclavas así como a las personas molestas para los propósitos de la Corona española. Con este pretexto se quemó y se ahorcó a mucha gente bajo la acusación de pactos con el diablo.

 

Sin embargo, y no podía ser de otra forma, las brujas también entraron en la carrera loca de la modernización. La globalización tocó a sus puertas. No podían quedarse atrás de los procesos de desarrollo que se daban en el mundo y a medida de que este avanzaba, ellas adoptaban nuevas formas y costumbres. Ya no viajan en escobas. Hoy se cuentan por miles en sitios Web, páginas de periódicos, entre otros. Hoy por hoy y cuando la crisis económica y espiritual toca a muchas puertas parece haber una gran explosión de brujas, mentalistas, chapuceras y charlatanas que prometen una y mil soluciones a todos los problemas.

 

 

Sus escotes profundos, sus piernas infinitas, sus sonrisas ingenuas, son su mejor disfraz. Hoy pueden verse aspirando a cargos públicos, manejando bancos, tuiteando y charlando en su whatsapp, como amigas o como suegras. Sin embargo, las brujas de antaño, las feas con escoba y nariz larga, han desaparecido. De ellas solamente quedan una pequeñas y nostálgicas líneas en los cada vez más olvidados libros infantiles…

 

Mauricio Liévano

“Me gustan los juegos de palabras. En realidad más los juegos que las palabras”. Fundador de Atardescentes

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