El arte del crowdfunding

Ganarse el Baloto, conquistar una viuda rica o heredar una fortuna son cosas que pasan poco. Por eso la primera tarea de un emprendedor es pasar el sombrero, convencer a alguien de los beneficios de su invento o de su obra, padecer noches y días, perder la fe, recobrarla, perseverar hasta que el corazón bondadoso del empleado bancario o del rico generoso se iluminen. Al fin y al cabo, el problema de las ideas no es lo que valgan sino lo que cueste realizarlas.

El crowfunding, llamado también micromecenazgo, es  un sistema de cooperación que permite a cualquier creador de proyectos reunir una suma de dinero considerable entre muchas personas para apoyar una determinada iniciativa. A cambio de su participación en el proyecto, los cofinanciadores, como se suelen llamar las personas que apoyan proyectos, reciben recompensas no monetarias que pueden ser desde agradecimientos personalizados en la web del creador, pasando por la precompra de productos o servicios a un precio mucho inferior antes de lanzarlos al mercado. En otras palabras, es una apuesta de buena voluntad, centrada y estudiada, pero apuesta al fin y al cabo. Es lo que en otros tiempos se llamaba donación y que hoy por el espíritu marketero que nos copa llamamos “crowdfunding”, un nombre sin duda más vendedor y más clasudo porque no es lo mismo decir que uno escribió una novela con la plata de la tía que como producto de un proyecto de microfinanciación colectiva…

Con la llegada del mundo digital, las cosas han variado ya que al fin y al cabo allí convergen un montón de mundos divergentes lo que se traduce en un mundo de problemas  pero también un universo lleno de posibilidades.

 

Existen en el mundo y en Colombia muchas plataformas tecnológicas que permiten el desarrollo de estos proyectos desde su divulgación hasta la recaudación, cobrando obviamente un porcentaje. Sin embargo, puede hacerse en forma independiente lo que supone doble trabajo: Armar el plan y generar la confianza. Fórmulas existen muchas pero todas parten de la claridad en lo que se quiere, lo que vale y para cuándo estará listo.

El crowdfunding es algo serio porque no se trata  que a cualquiera se le ocurra una idea que no puede financiar y salga a pedir plata como un endemoniado hasta que otro poco de ricos locos, le boten una bolsa llena de plata. Por el contrario exige un proyecto bien armado, sin importar su naturaleza, con los  costos y las posibilidades claras, con un cronograma serio y responsable y una descripción acorde con el tamaño del proyecto.

 

El crowdfounding  es una iniciativa reglada, con normas  y compromisos claros

Una vez publicado, se  difunde el proyecto con un plazo limitado para recaudar la financiación. Si se llega al 100% de lo solicitado se cobra en este momento el dinero al que se han comprometido los cofinanciadores. Es tan serio el tema que si no se consigue la totalidad de lo presupuestado, el dinero recaudado hasta el momento no se cobra de las cuentas de cofinanciadores y no se hace ninguna transferencia, porque es un modelo de todo o nada.

Es cierto que en estos tiempos en que nadie cree en nada, resulta complejo  llevar a cabo iniciativas como esta y aunque la industria cultural es la que más le apuesta al tema, en realidad cualquier proyecto bien estructurado es susceptible de adoptarlo, porque aunque difícil, termina siendo más fácil que ganarse el Baloto o conquistar una viuda rica.

 

Mauricio Liévano

“Me gustan los juegos de palabras. En realidad más los juegos que las palabras”. Fundador de Atardescentes

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