El despiste y el desgano

No tengo pruebas, pero tampoco tengo dudas, que las personas que más amo, no me leen. Mis hijas por despiste y ella, por desgano.

Soy feo de los no tan feos. Soy tímido, no bailo, no tengo plata, no sé bailar. Tengo la leve impresión que si no escribiera aún sería virgen.

Cuando escribo soy capaz de crear un universo que es posible. Cuando escribo creo un recuerdo y tal vez, hago memoria o siembro una ilusión. Cuando escribo puedo disfrazar mi tristeza de nostalgia, mi alegría de entusiasmo, mi dolor de ilusión.  Escribo porque necesito salvarme, porque si no digo me intoxico y muero, porque si no expreso me seco, porque si no hablo, me extingo. Escribo por pura rebeldía, por desobediencia plena, por insurrección ante lo establecido, por amotinamiento ante los que quieren dormitarme. O tal vez por feo y si no lo hago, se me reconstruye la virginidad.

 

Cuando escribo soy capaz de crear un universo que es posible

 

Clarice Lispector dice: “No es fácil escribir. Es duro como partir rocas. Consigo la simplicidad con mucho esfuerzo. La forma de defenderse es escribir. Lo que voy a escribir ya debe estar, sin duda y de algún modo, escrito en mí. Tengo que copiarme. Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en el mundo de los hombres.Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días”.

Escucho ¿A dónde van?, de Silvio: “¿A dónde van las palabras que no se quedaron”? Y no sé. Puede que a alguien toquen, puede que a alguien aburran, puede que, a alguien, le sean indiferentes (eso es seguro). Y sin embargo, me expongo, no por vanidad que es un tren que hace rato pasó por mi vereda, sino porque es mi vida misma, con mis blancos y mis negros. Estamos llenos de polímatas, de sabiondos, de eruditos y mi única aspiración es no ser uno más. Podré ser un hombre triste, pero lucho cada día por no ser un triste hombre.

Y aunque todos estamos condenados al olvido, escribo porque aspiro que me quieran, porque sueño que algún día me recuerden, porque guardo la esperanza de no pasar inadvertido, porque siembro la ilusión que mis palabras lleguen a tu playa y te toquen de algún modo. Y también leo, leo mucho porque encuentro gente que dice lo que yo hubiera querido decir. Por ejemplo, Galeano  que dice que escribe “porque mi tendencia al pecado me impidió ser santo, porque en el fútbol siempre fui un patadura, porque necesito creer que no es tanta la distancia entre el deseo y el mundo, porque necesito creer que a veces puedo decir lo que quiero decir,porque necesito creer que hay historias que merecen ser contagiadas, porque escribiendo devuelvo a los demás lo que de ellos viene, porque me duele el dolor ajeno, porque me goza el ajeno placer, porque me da alegría desenterrar tesoros escondidos, porque necesito compartir broncas y melancolías, deslumbramientos, descubrimientos, porque de Sherezade aprendí que un cuento vale un día más de vida, porque de Onetti aprendí que hay palabras mejores que el silencio,porque soy caminante, y cada página es un nuevo viaje que empieza, porque escribiendo no estoy solo, porque escribiendo hablo al oído de amigos que no conozco y en ellos me reconozco. Y porque siendo, como soy, un inútil total, no tengo otra”.

En fin, escribo para que ellas me lean. Que se les pase el despiste. O el desgano…

 

 

Mauricio Lievano

“Me gustan los juegos de palabras. En realidad más los juegos que las palabras”. Fundador de Atardescentes

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