El héroe triste

 

Los  uribistas, los ángeles y Messi no se ríen. Unos porque viven con  la malparidez a cuestas, otros como decía Aristóteles en el segundo libro de su Poética, su obra extraviada, porque la iglesia medieval la  consideraba un rasgo humano que Cristo nunca tuvo y Messi, porque es un tipo frío, hermético, taciturno, casi acongojado, de mirada triste y rostro adusto, un tipo con el que debe ser muy aburrido sentarse a tomar una cerveza.

Y es que lo soso de Messi, no tiene nada que ver con su calidad futbolística que está por encima de toda duda. Sus títulos, sus  goles, sus hazañas, están por fuera de toda discusión. Hoy por hoy es el mejor jugador de fútbol del mundo, un genio, un mago lleno de múltiple cabriolas, de trucos y artimañas y eso nos debería bastar, pero para algunos tipos raros como yo, no nos es suficiente.

Messi es un genio, pero debe ser un tipo muy aburrido

No está de más decir que mi mamá es una santa, una venerable anciana, que solamente sufre cada vez que  secuestran a  Elif, por lo que los insultos los asumo yo. Voy a tratar de explicar: Messi es un tipo que hace casi todo bien. Desde que nació un 24 de junio de 1987 en Rosario, Argentina, estaba predestinado para ser un crack. Su peso al nacer fue de 3 kilos envueltos en 47 centímetros. Tiene ascendencia italiana y fue criado en el seno de una familia humilde. Es hijo de Jorge Horacio Messi, ex trabajador de una fábrica y hoy multimillonario y de Celia María Cuccittini. Tiene dos hermanos y una hermana. Con cinco años se inició en el Grandoli, un pequeño equipo de su barrio que entrenaba su padre. Poco a poco y sin importar su corta estatura, empezó a destacarse, por lo que a los 13 años viajó a Barcelona a cambio de un tratamiento hormonal para incrementar su crecimiento. A partir de ahí, su historia es conocida. Siempre juicioso, siempre moderado, casi un yerno deseable, ha llevado de su mano al Barcelona a conquistar todos los títulos posibles. Tal vez tiene la deuda con la selección Argentina, pero es que hasta los héroes necesitan  de  un súper amigo que los ayude. Pero es que el fútbol no es ganar únicamente, sino que se trata de mañas, de artimañas, de trucos y ficciones, de gordos que tapan, de troncos a los que toca adularlos por la sencilla razón que son los dueños del balón, de imperfectos a los que puteamos por errar goles imposibles, de amigos entrañables con los que nos entendemos con solo una mirada, de zapatos rotos y rodillas raspadas, de gaseosas llenas de babas y de risas. De alegría.Y él no la conoce, o por lo menos no la muestra, porque después de cada gol, de cada jugada inverosímil que se inventa, apenas esboza una tímida sonrisa, casi una mueca inexpugnable, como de un cyborg programado en La Masia, un extraterrestre, entregado a una inmensa máquina de marketing, que él mismo odia porque si estuviera en sus manos, solamente iría a jugar, metería cuatro o cinco goles, empacaría su uniforme para lavarlo en casa, tomaría el autobús, pararía a comprar la leche y el pan y se encerraría en su cuarto  donde nadie lo jodiera.

Messi no conoce la alegría por lo menos no la muestra

A Messi no parece gustarle el fútbol porque su cara cuando gana o cuando pierde es la misma que cuando empata. Es como un nerd del balón que siempre tiene la solución a los problemas, como el niño del salón que no necesita mirar las respuestas del algebra de Baldor para encontrar la solución, un tipo imperturbable, un líder que le aburre ponerse a explicarle a los demás y prefiere hacerlo todo solo, un tempano de hielo, distante, no un petulante  como Cristiano pero tampoco un genio loco como Ronaldinho Gaúcho. Messi es casi como la madre Teresa del fútbol.

Messi es un genio, un héroe, una figura, un personaje, un ídolo, un semidiós, si se quiere, pero tiene una mirada triste o tal vez una alegría rara, que nadie entiende. Por todo eso, no me llama la atención sentarme a tomar una cerveza con él, como tampoco con los uribistas por razones obvias, ni con ningún ángel, porque tal vez prefiero hablar directamente con Tarzán y no con Chita.

 

 

 

 

 

 

 

 

Mauricio Liévano

“Me gustan los juegos de palabras. En realidad más los juegos que las palabras”. Fundador de Atardescentes

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