El poder curativo de la lágrima

Encontrarme ha sido doloroso. De alguna forma estaba perdida y me refundí, por lo que la única opción fue rebuscarme. Y refundarme. Y ahí voy.

Son tantas las crisis que he atravesado, que creí que ya lo había visto todo. Y no. Siempre hay algo por hacer, algo por cambiar, algo sobre lo cual reflexionar, algo por lo cual pedir perdón, algo que perdonar así no te lo pidan y por supuesto, algo de lo cual aferrarse para seguir viviendo.

De alguna forma estaba perdida y me refundí, por lo que la única opción fue rebuscarme.

A lo largo de mi vida he acumulado tantos miedos, tantos odios, tantos sueños sin cumplir, tantas mentiras, tantas medias verdades, tantas verdades a medias, tantos dolores, tantas taras, tantas ansiedades, tantas sospechas, tantas dudas, tantos síes sin sentirlo, tantos no por diplomacia, tantas turbaciones, tanta tinta tonta, en fin, tanta mierda en la cabeza, que llega el momento en que no me cabe ni una más. Y nunca es fácil, porque cuando llega el momento, siempre es doloroso, siempre apabulla, siempre confunde y siempre atolondra.

Sin embargo, con el paso de los años he aprendido el poder curativo de la lágrima. Llorar todos los días suena terrible, pero en mi caso, ha sido sanador porque cada costra que levanto me duele un poco más, pero llega el momento bendecido de dejarse en carne viva para evitar que nos consuma la gangrena. Nunca es fácil, porque el dolor es complicado, pero a esta altura de mi vida, agradezco cada sollozo, cada lamento, cada vagido, porque de alguna manera estoy muriendo cada noche y volviendo a renacer cada mañana.

Con el paso de los años he descubierto el poder curativo de la lágrima

Tampoco es fácil aceptar tanta basura que uno acumula en la cabeza, tanta porquería que se amontona en un rincón del corazón, tanta bazofia que uno carga. Por eso, tal vez lo mejor es llorar en soledad para evitar el riesgo de infección, decirse la verdad sin vacilar, sin echar la culpa a nadie, asumir lo que nos toca, soltar lo que no sirve, luchar por lo importante, esperar a quien se tenga que esperar y dejar que nuestra alma se acabe de sanar.

Llegará el momento en que sanemos, aún sabiendo que vendrán nuevos dolores que traerán lágrimas distintas.

 

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Flore Manfrendi

Ecléctica y bizarra. Codirectora y bloguera

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