Elefante en laberinto

Elefante en laberinto

Me he equivocado mucho, lo sé. Sin embargo, no son muchas las  veces en que no pedí perdón, porque siempre he creído que al hacerlo reparo en parte el daño hecho y porque de alguna manera me ayuda a ser mejor.

 

Sin embargo, a veces me  he pasado al otro extremo dejándome  atrapar por  un sentimiento de culpa que rayaba en la bobada porque solía darme palo, incluso por cosas que hacían los demás. Contrario a muchos, a mí me  ha quedado más fácil siempre,  echarme el muerto  que endosárselo  a los otros. Hasta que un buen día me mamé.

No son muchas as veces en que no pedí perdón, porque el perdón repara y me hacer mejor persona

Hoy intento ver de muchas formas todo lo que pasa por mi vida. Asumo lo que  creo que me toca y el resto, se lo dejo a los demás, que sabrán bien que hacer con ello. Eso de andar mendigando perdón por cosas que no he hecho, me ha traído más tristezas que alegrías  porque al final uno termina por dudar o lo que es peor, por ponerse en duda.

 

A mi edad, que no es mucha pero tampoco es  poca, me interesa mucho lo que piensan los que me quieren de verdad, porque si algún día se sienten por algo, es porque la he embarrado de verdad. Es decir. ellos y solo ellos, saben que nunca haría  conscientemente nada que los dañara o afectara, lo que no quiere decir que no lo haga, porque soy impulsiva, porque me construyó cada día y en ese proceso,  toco y hago cosas que no debo, como  un elefante pasando un laberinto. Por eso, me perdonan tantas veces, porque me aceptan imperfecta.

Los que no me quieren, siempre encontrarán la forma de ponerme en duda

Los otros, los que no me conocen o no me quieren (así digan lo contrario sin sentirlo) siempre me graduarán de mala persona, siempre encontrarán la forma de dudar y nunca nada será lo suficientemente bueno, sin importar si rezo, robo, o duermo. Y no es que no me importe, sino que aceptó, que nada puedo hacer. Por eso ya no doy más esa batalla y lo que es mejor, ya no cargo más con esa culpa.

 

Me quedo con los poquitos que me quieren, que en realidad son bien poquitos. Tal vez dos, que son los amores que no fallan.

 

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