Facha y perfume

Facha y perfume

Storytelling es una  de esas palabras facheras, perfumadas, que suenan bonito y descrestan. Los marketeros entendieron que las marcas tenían que construir un cuento que contar, que empujara a los consumidores a la compra. Para eso crearon el término, que no es más que el arte milenario de narrar historias.

Y es que todos tenemos una historia que contar. Grande o chica, larga o corta, vieja o nueva, porque de alguna manera todos tenemos  una voz que levantar. Lo interesante o lo aburrida, depende del interés que logremos despertar, de la emoción que logremos sacudir y de la pasión que logremos agitar.

Los marketeros entendieron que las marcas tenían que construir un cuento que contar

 

La cosa, de tan sencilla es complicada: basta saber lo que  uno es, tener claro lo que  una va a decir y saber a quién necesita decírselo. El resto es costura, como dirían las mamás.

Y es que el storytelling es como la vida misma. Cuando tengo claro lo que soy, tengo claro el tono de mi voz, el ritmo de mi cuento, el lenguaje que lo adorna, la intención de lo que quiero y la posibilidad de que lo crean. Cuando tengo claro lo que soy, sé bien  lo que debo callar y lo que debo prescindir, lo que debo engrandecer y lo que necesito maquillar, el alcance de mi fábula y mi cruda realidad. Sé donde callar y donde alzar la voz. Cuando tengo claro lo que soy, tengo claro a quién hablar, porque mi cuento no es global. Como en la vida misma. Es por eso que las buenas historias son su espejo: Tienen un principio, para ser claras, un desarrollo para no ser aburridas y un final para no ser inciertas. Qué duda cabe que todos nacemos, crecemos y morimos.

La cosa, de tan sencilla, ha vuelto complicada

Las marcas son como las personas y por ello, es clave que tengan su propia narrativa, un cuento que contar, que los identifique y los logre distinguir porque como dice Hanna Arendt, “ninguna filosofía, análisis o aforismo, por profundo que sea, puede compararse en intensidad y riqueza de significado con una historia bien narrada”.

La narrativa debe ser tan audaz como se pueda, tan lógica como la realidad lo exija, tan oportuna como la necesidad requiera y tan pertinente como la sociedad lo necesite.

Por eso. de lo que se trata no es que sea real, sino que sea creíble, no es que sea verdad, sino que sea posible, porque al final, todos tenemos nuestro propio perfume y nuestra propia  facha.

 

 

 

 

 

 

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