Fernando González, el filósofo olvidado

Fernando González, el filósofo olvidado

Dicen los que lo han leído que fue uno de los pocos sabios colombianos, aunque tal vez porque cada vez que se habla de él, se confunde con Pacheco, la obra de Fernando González Ochoa no es tan conocida como se debiera.

Es  considerado el más original de los filósofos colombianos y uno de los más vitales, polémicos y controvertidos escritores de su época. Fue escritor, filósofo, diplomático y abogado, nacido en Envigado en 1895 y aunque su muerte se produjo hace más de cinco décadas, su obra sigue vigente.

Era uno de esos filósofos de a pie. De hablar campechano y bondadoso, muchos de los intelectuales de la época lo consideraban mal hablado, al punto de marginarlo y criticarlo. El mismo se llamaba Maestro pero en sus palabras decía que no buscaba discípulos sino solitarios que lo entendieran. En sus primeros años recibió educación religiosa de los padres jesuitas, cuya  paciencia agotó rápidamente su espíritu rebelde: “Dios me salvó, pues lo primero que hice fue negarlo, donde los Reverendos Padres. Tan bueno es Dios, que me salvó, inspirándome que lo negara. Luego le negué todo al Padre Quirós. ¡El primer principio! Negué el primer principio filosófico, y el Padre me dijo: “Niegue a Dios; pero el primer principio (3) tiene que aceptarlo, o lo echamos del colegio…”. Yo negué a Dios y el primer principio, y desde ese día siento a Dios y me estoy librando de lo que han vivido los hombres. Desde entonces me encontré a mí mismo, el método emotivo, la teoría de la personalidad: cada uno viva su experiencia y consuma sus instintos. La verdadera obra está en vivir nuestra vida, en manifestarnos, en auto-expresarnos”.

Dicen los que lo han leído que fue uno de los pocos sabios colombianos,

Luego se graduó como bachiller en filosofía y letras de la Universidad de Antioquia, y en 1919 la misma institución le otorgó el título de abogado con una tesis cuyo título reflejaba bien lo que pensaba: “ El derecho a  no obedecer”.

Su producción literaria e intelectual fue abundante, particularmente entre 1929 (Viaje a pie) y 1941 (El maestro de escuela). Durante estos años escribiría la mayoría de sus obras: Mi Simón Bolívar (1930), Don Mirócletes (1932), El Hermafrodita dormido (1933), Mi Compadre (1934), El remordimiento, publicada en 1935. Otras obras de esa época fueron Cartas a Estanislao (1935), Los negroides (1936) y Santander (1940), Libro de los viajes o de las presencias (1959) y La tragicomedia del padre Elías y Martina la velera (1962).

Lo llamaba en brujo de Otraparte y es considerado el padre del nadaísmo

Los estudiosos de su obra dicen que recibió influencia de Tomás Carrasquilla, Nietzsche, Platón, Spinoza,   Schopenhauer y Sartre. A su vez, González es considerado el padre del movimiento Nadaista colombiano, fundado por uno de sus discípulos más queridos: Gonzalo Arango.

Aquí algunas de sus frases:

“En definitiva, lo que hace mover al mundo no es sino el ánimo de los héroes”.

“Necesitamos cuerpos, sobre todo cuerpos. Que no se tenga miedo al desnudo. A los colombianos, a este pobre pueblo sacerdotal, lo enloquece y mata el desnudo, pues nada que se quiera tanto como aquello que se teme”.

“Ya Colombia no hace versos”.

“Una cosa fundamental en la vida es saber lo que se quiere. Primero buscarlo como el que se asfixia busca el aire y finalmente pagar el precio”.

“No podemos vivir en lo abstracto. Por eso vino Jesucristo, en formas tan bellas, para que pudiéramos adorar a Dios. Vino para hacerse ejemplar, camino, para que viéramos, para que oyéramos y tocáramos la verdad. Amo a Dios: luz, forma, todas las ideas. ¡Oh, único, muchacha de las muchachas, árbol de los árboles, mar de los mares! ¡Oh Tú, el ejemplar, Tú, el que no eres sino bueno! ¡Ven y sácame, porque corro desolado!”.

“Quien huye de la vida es porque ama demasiado a la vida.

“Silencio. ¡Cuán bello el silencio! Pero hay que aquietar este mundo interior. Hay muchos que gritan ahí dentro. El silencio es una conquista. No es el ruido externo lo que nos aturde; es el grito de las pasiones. No es aislarse; es desprenderse; el silencio no es un don sino un fruto difícil. Este silencio físico es apenas un medio para acallar la propia algarabía”.

 

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