Imprudente o taciturno

Suelo no callarme ni lo que siento ni lo que pienso y, por eso, hablo o enmudezco, que es otra forma de decir. Seré imprudente o taciturno, pero lo único seguro es que de indigestión, no creo que me muera.

Amo las palabras. Las amaso, las fricciono, las froto, las estrujo, buscando una forma que me guste, que me ayude a decir, a explicar, una especie de alfarero atrapado en la búsqueda constante de una válvula de escape.

Sin embargo, también me gustan los silencios, esos que dicen algo, esos que leen mis vacíos y mi propia vacuidad. Encerrado en mi misma mismidad, suelo convertir mis soledades en terreno minado, callejones escabrosos que se convierten en mi mejor defensa ante los demonios que me aquejan y me agobian. Debo aceptar, que muchas veces mis mutismos laceran y hacen daño, porque se confunden con ciertas dosis de malparidez mal administrada.

En mi atardescencia, aún no logró descubrir el don de la cordura. Cuando callo, debo decir y cuando digo debo callar. En los pocos momentos en que atino, soy feliz. Hay veces que sin importar mis descaches ni delirios, los demás me alcanzan a leer, pero debo aceptar que se necesitan muchas dosis de amor y de cariño para hacerlo, por lo que no dejo de sentir cierta culpa y cierta pena. Ahh y también cierta soledad.

 

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Mauricio Lievano

“Me gustan los juegos de palabras. En realidad más los juegos que las palabras”. Fundador de Atardescentes

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