La ciudad de las cosas

Desde hace algunos días, estoy en la ciudad de las cosas intentando llenarme de cosas que no son cosas, una ciudad que no perdona, pero tampoco obliga, que respeta los horarios y respeta a las personas.

 

Luego de caminar por el fuego varias veces, hoy me siento acogido como familia por mi propia familia, algo que hace rato no sentía.Caer y levantarse, tocar el fondo desde la llevadez  de no encontrar salida, salida que siempre hay, así sea para irse. Estar perdido y no encontrar las boronas para devolverse. Tiempos oscuros que ya tal vez no volverán, porque siempre hay alguien que te ayuda, que te mima, que te cuida, que te sacude, que te saca  del infierno del no querer nada en la vida.

Estoy en la ciudad de las cosas intentando llenarme de cosas que no son cosas

Y acá estoy, de pie, de nuevo dispuesto a recomenzar la vida justo donde la dejé, a mirar la existencia con otros ojos, no con la melosería de los que se sienten tocados por una vara mágica, sino con la humildad del que reconoce que no todo lo puede, que hay  un ser al que llamamos Dios, que hay amigos, que hay gente que te quiere y que te tiende la mano sin esperar nada a cambio o tal vez, tan sólo una sonrisa.

 

En esta ciudad de las cosas he aprendido mucho de la vida, he aprendido mucho de mi vida y aunque tal vez aún no sé bien lo que quiero, sé muy bien lo que no quiero, lo que es un avance para un tipo de mi edad. No quiero nada que me amarre, pero sí muchas cosas que me aten, no quiero convencer a nadie de lo que soy o lo que ofrezco, no quiero luchar por una posición ni mucho menos por un puesto, no quiero estar en el ojo de ningún huracán porque ya ni pelo tengo como para despeinarme, no quiero convencer a nadie de mis sentimientos ni de lo que soy, ni de lo que no soy, no quiero dejar de pensar en el futuro, así cada segundo que pase  este se me acorte, no quiero dejar de aprender, dejar de intentar, dejar de jugar, dejar de reír, dejar de llorar, dejar de ser un niño irresponsable, lo que no me impide asumir lo que me toca.

 

Por eso hoy solo quiero un poco de paz interior, que se refleje en todo mi exterior, pasar de las palabras a los hechos, andar en tenis por la vida sin joder a nadie, poniendo a metros al que lo intente hacer conmigo, sin pelear, pero tampoco sin traicionarme, buscar  respuestas que me permitan formular nuevas preguntas porque hoy por fin tengo claro que la sabiduría es una tortuga, viajar liviano, que no es lo mismo que viajar vacío, escuchar, escuchar mucho, pero también hacerme a oír. En fin, lo que quiero es dejar de ser ola para convertirme al fin en playa.

 

Mauricio Lievano

“Me gustan los juegos de palabras. En realidad más los juegos que las palabras”. Fundador de Atardescentes

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