Las desparejas

Las desparejas

La historia de la humanidad es la historia de los amores frustrados, que no son necesariamente esos amores que nunca fueron, sino esos amores que empezaron como presagio de tormenta y no llegaron a llovizna.

A  diario  veo,  seres humanos buenos y amorosos que no entienden, que no saben, que no se explican por qué, lo  que pudo haber sido y no fue. Y es que es claro que dos buenas personas no necesariamente  hacen una buena pareja y a  veces tan rápido como el universo conspira para encontrarse, conspira para desencontrarse.

Es difícil entender por qué, lo que pudo haber sido, no fue

Desde mi punto, tal vez hay cosas que no tienen explicación pero lo único cierto es que hay veces en la vida que uno se encuentra con personas con las que uno se identifica, incluso cree enamorarse,  se hacen planes, se gozan los momentos, se exploran, se recorren y se dejan llevar por la pasión. Sin embargo, al poco tiempo empiezan las fisuras, no por nada en especial  sino tal vez por su propia perfección.

Creo firmemente en los amores imperfectos. Esos que son luchados, donde las parejas se rastrillan y se sacan chispas, algunas veces dolorosas, algunas veces  penetrantes, pero chispa al fin y al cabo. Me gustan las parejas que se luchan, que dan su cuota de sacrificio por el otro, que algunas veces lagrimean, porque en la fricción se enciende la pasión. Son de esos amores de mal pronóstico, como esos niños prematuros en incubadora donde nadie da un peso por su vida, amores  desahuciados por todos, menos por los dos involucrados, amores de mal presagio sobre los que las aves carroñeras se lanzan a matarlo.

“Hay una grieta en todo y así es como entra la luz”.          Leonard Cohen

Las desparejas generalmente se mueren de viejas con la misma mala imagen que nacieron, porque solamente ellos saben lo fuerte de sus lazos. Una especie de Cuasimodo del que  todos se ríen,  del que todos se burlan, pero cuya verdadera belleza está en su interior. Las desparejas parecen que no cuajan, que no se crían, pero ellos mismos se encargan de forjar con hierro la felicidad que los embarga.

Son tan feos, tan frágiles, tan débiles, tan luchados, tan vituperados, tan distintos, tan disimiles, que terminan por ser la  despareja perfecta que se mueren dándose amor a cucharadas .

 

 

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