Las deudas del pasado

El dolor en los seres humanos merece respeto, paciencia, cuidado y sobre todo, tiempo. No admite juicios de valor, ni burla, ni desprecio, ni sarcasmo.

 

Tratar de entender el dolor de los demás es un proyecto fracasado, porque siempre y de alguna forma terminamos por juzgar. ¿Y por qué llora?¿ Por qué sufre? No es para tanto, no sea rencoroso, la reina del drama, son frases que se dicen sin medir las consecuencias.

El dolor en los seres humanos merece respeto, paciencia, cuidado y sobre todo, tiempo

 

Cada cual sufre a su manera y en la medida de sus posibilidades. Y se sana igual. O no, porque como con la masturbación, cada cual se castiga a su manera y cada cual sabe el tamaño de su roto.

Todos tenemos una historia, grande o chica y actuamos conforme a ella, incluso de manera inconsciente y por eso procesar el padecimiento es largo y complejo. Cada persona sabrá cómo y cuándo está sanado, cómo y cuándo deja de doler, cómo y cuándo sigue importando pero deja de afectar, cómo y cuando se supera.

En las relaciones humanas solemos minimizar los dolores para seguir adelante, para mirar hacia el futuro, sin saber y entender que lo que estamos haciendo es cocinar a fuego lento los fracasos. Si duele, se habla, si duele se dice, si duele se putea y cuando estemos listos, perdonamos y perdonamos de verdad, no como una carga de profundidad que guardamos para sacarla en la pelea del mañana.

Todos tenemos una historia, grande o chica y actuamos conforme a ella

Construir una relación sin haber remendado bien los rotos asegura, por lo menos, un dolor más grande, una nueva frustración, un nuevo desengaño.

Por eso, la sanación de un dolor no es algo que se empuje. Cada quien lo hace a su ritmo, cada quien lo baila a su compás, para que cuando sane, sea apenas una cicatriz que ya no duela.

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