Los amores difíciles

Un amor complicado es aquel que nadie entiende. Son esas relaciones farragosas y confusas por las que nadie apuesta nada, que inspiran tan poca confianza que celebran el aniversario a los tres meses de haberse conocido.

 

Todos lo critican y le expiden el certificado de defunción con anticipación, todos, menos los que están involucrados, que luchan cada día por sacarlo adelante, tal vez de forma aparatosa, un poco teatral, dolorosa algunas veces. Tóxicos, los llaman los vecinos balconeando y opinando sin que nadie los invite.

Un amor complicado es aquel que nadie entiende

Y es que los amores difíciles no son para cualquiera, porque se necesita callo y cuero duro, templanza y verraquera, valentía y mucho esfuerzo. Al principio parecen ser esos amores insufribles donde todo el mundo llora. Y sí, se llora y se putea, se grita y se abuchea, se maldice y se reniega, se blasfema y se murmura. Por eso, los cobardes y medrosos abandonan a la primera abolladura. O a la segunda. O tal vez a la tercera.

Otros, la inmensa minoría, se agarran con las uñas de los motivos invisibles que los empujaron a acercarse, de las razones impalpables que les nublan la existencia y les arrancan la sonrisa y que solamente ellos reconocen.

Los amores difíciles no son para cualquiera, porque se necesita callo y cuero duro.

Al final, llenos de achaques y dolores, de olvidos y temblores, terminan riendo al recordar que las dificultades no fueron más que pequeñas circunstancias, anécdotas que  nunca nadie más pudo entender, porque en el ocaso de la vida, no son más que dos viejos valientes haciendo el amor en una mecedora.

 

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