O todo lo contrario

Hacer las cosas bien no garantiza nada. Hacerlas mal, tampoco, aunque tal vez nos regale  una euforia efímera y un odio perenne de los otros. Además, la delgada línea que separa una cosa de la  otra, bordea sutil entre la sabiduría y la bobada.

Muchos morimos engañados creyendo haber actuado  de la manera correcta, siguiendo lo que nos dicta el corazón y nos martilla la razón y al final de los días, los resultados nos dicen todo lo contrario, porque nunca bastan las buenas intenciones y menos las disculpas.

Las buenas intenciones no alcanzan, porque lo que valen son los resultados

Al final estamos solos porque no supimos explicarlo, no supimos hacernos entender o  nos equivocamos de tal forma, que solamente  nos queda  de los otros el olvido, el odio, la indiferencia y la tristeza de ver que nadie mueve un dedo por nosotros.

La posibilidad de errar el tiro siempre está presente en nuestras vidas. Incluso el amor está lleno de  desatinos, porque encontrar el punto medio es tarea de titanes. Equivocarse es una opción que muchos no perdonan, que muchos no entienden, que muchos no ven

La expectativa del remiendo depende del tamaño del roto

Algunos damos mucho o poco, lo que termina siendo una cuestión de perspectiva  porque depende del apetito de los otros ya que a veces todo, no alcanza a ser suficiente. Nada los llena, nada los tranquiliza, nada los enorgullece, nada los satisface, nada los aplaca y es por eso que a veces no queda opción distinta  a irse, así nos duela, así nos mate y porque el dolor  y la muerte del que se queda en esas condiciones, atenaza y aprisiona.

Recibir mucho o recibir poco, también tiene su ladito, porque depende del tamaño de nuestros propios rotos y algunas veces esperamos que los otros llenen los huecos que tenemos, lo que termina siendo un imposible.

Cuando uno da, en la mayoría de los casos espera recibir, porque la condición humana así lo dicta. Los que no, los llaman, santos, héroes o dementes. Y por eso nos quedamos  con la sensación que algo nos faltó, así nos dieran todo. O todo lo contrario.

 

Mauricio Lievano

“Me gustan los juegos de palabras. En realidad más los juegos que las palabras”. Fundador de Atardescentes

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