En el bus de la 80, entre el pitido insistente de los vendedores ambulantes y el reggaetón que se escapa de los auriculares del vecino, una muchacha escribe. No está actualizando su estado de Facebook ni respondiendo mensajes de WhatsApp. Escribe, a la vieja usanza, con el dedo índice sobre la pantalla del celular, construyendo
Por la ventana de un café parisino, entre el humo de un cigarrillo y el murmullo de una ciudad que nunca duerme, Julio Cortázar escribía. No solo escribía: inventaba mundos, desarmaba la realidad, jugaba con las palabras como si fueran piezas de un rompecabezas infinito. Nacido en Ixelles, Bélgica, en 1914, de padres argentinos y[…..]
Mauricio Liévano Quimbay acaba de lanzar “Tener la razón, no locura”, una novela que te agarra de las solapas y no te suelta. Es un clavado sin tanque de oxígeno a la cabeza de un tipo que está hasta el cuello, lidiando con la depresión, buscando qué carajos hacer con su vida y, a ratos,[…..]
Afuera llueve. Adentro también. Es raro, afuera el sonido de la lluvia golpeando el vidrio de la ventana suena gloc, gloc, gloc. Adentro, el sonido de una gotera que cae contra el piso, suena cric, cric, cric. ¡Ahhhh, se fue la luz! Se escucha afuera, como si fuera necesario que todos lo dijéramos para poder[…..]
Imagínate a un flaco desgarbado, con gafas de pasta, camiseta de rock y una sonrisa que parece saber algo que tú no. Ese era Andrés Caicedo, el eterno adolescente caleño que vivió como si cada día fuera una película de Godard o un concierto de los Rolling Stones. Nació en 1951, en una Cali que[…..]
En la esquina de la Calle 13 con la Avenida Silencio se sentaba cada mañana un hombre de barba rala y mirada líquida.Era una ciudad fría, pero poco le importaba. Sin importar los chubascos, las lluvias o tormentas, se sentaba en un viejo banco de madera para abrir una maleta ya gastada por el uso,[…..]









