Tres cuentos cortos

Tres cuentos cortos

Daniel Turriago es un atardescente de los pies a la cabeza. Soñador empedernido, amigo inigualable, heredó de sus padres el amor por las letras y la bohemia y sobretodo, el amor por Bogotá. A esta ciudad que lo vio nacer en un lejano día, le dedicó estrés tres cuentos cortos:

 

 

 

EL AMOR EN LA CANDELARIA

Las fachadas de las casas de la antigua Candelaria conservan su herencia colonial intacta, aunque por dentro las hayan convertido en escenarios teatrales, en claustros y refugios de estudiantes, mentores, cuenteros, y asaltantes.

Allí se conocieron Camila y Adrián. Ahora, se internan por el callejón del embudo y desembocan en la Plaza del Chorro de Quevedo, -sitio en que se fundó Santa fe de Bogotá-, siguen hacía La Casa de Poesía Silva en donde ella le cuenta, que el café con esencias que dan tiene un hechizo especial, que si no está preparado para el amor es mejor no beberlo.

 

HACE ALGUN TIEMPO

Hace cuarenta y cinco años era seguro salir, no había tanta maldad, conocíamos a nuestros vecinos. Los niños jugábamos y corríamos por las calles sin precaución, lo más peligroso que podía suceder era una escalabrada contra el pavimento, que se curaba con café sobre la herida. Respirábamos aire limpio y hacíamos excursiones a los cerros que techan a Bogotá, porque nada era privado, no había cercas, ni perros furiosos y menos cámaras vigilando nuestros pasos. Deporte extremo, era deslizarse en carros de balineras a toda velocidad en las inclinadas calles. Nuestra ciudad era nuestra casa.

 

LA CASA GRANDE

Fueron tantos fantasmas del pasado los que construyeron los cimientos de esta casa, dejaron espacio para muchos de sus actuales habitantes. Ahora sentimos que es nuestra morada. El legado que recibimos de nuestros antecesores debemos cuidarlo y aplicarlo con amor, generosidad, y emprendimiento, Entender que sin pasado no hay futuro, sus puertas solidas se han mantenido abiertas por años. No son solo paredes que respiran por sus grietas, somos sus seres animados los que la hacemos nuestra y como anfitriones es decirles a nuestros visitantes -esta también es su casa – Así es Bogotá

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