Un elefante en la puerta de mi casa

De pequeña, mi padre me leía los cuentos de María Elena Walsh. Me acuerdo en especial de uno llamado “ Dailan Kifki” un elefante que un día apareció en la puerta de la casa de una niña para cambiarle la historia de su vida.

A partir de ese momento, los libros y la música me rayaron la cabeza. Han estado conmigo los hermanos Grimm, los cuentos de Kypling, de Horacio Quiroga, de Cortázar y de Borges, entre muchos otro.Sin embargo, con la adolescencia aparecieron los chicos y con mi virginidad, se fueron las ganas de leer. Los sudores, reemplazaron con creces las letras y la magia y debo decir sin sonrojarme, que no me arrepiento en lo más mínimo.

Fue una época de locura y desenfreno. Soy argentina y esa época la viví con el furor de quien se alegra con el fin de las dictaduras militares. Pero algún día había que parar. Me enamoré y me vine para Colombia, y acá, como en la canción de la Negra Sosa, volví a los viejos sitios donde amé la vida: los libros.Pese a las estrecheces económicas, compraba muchos libros, porque a pesar de sus precios, entendía su valor.

Enviudé, lloré, me deprimí, me levanté, me volví a caer, pero acá sigo orgullosamente atardescente y en pie de lucha. De alguna manera, nunca he estado sola, porque los libros se volvieron mis compañeros, mis compadres, mis amigos, mis cómplices y secuaces, mi polo a tierra, pero también mis alas. porque para mí, todo libro es autoayuda. En cada uno escarbo y busco, hurgo y curioseo, husmeo y escudriño y siempre, siempre, siempre, encuentro algo diferente.

Poco me importa si es virtual o físico porque cada uno tiene su encanto ya que de alguna forma, unos y otros, hacen parte de la obra de alguien, del esfuerzo y de las ganas, del dolor y el sufrimiento de quien se arriesga a decir algo.

La pandemia me puso también a conocer las compras por internet, las tiendas virtuales y aunque en un principio me resistí, terminé por sucumbir a su comodidad y rapidez. Hoy tengo mis libros a la velocidad de una descarga. Los leo, los rayo y los marco, aunque de una forma diferente.

Leer es para mi una delicia, una alegría, un reto insoslayable, un desafío inevitable. Como cuando un elefante toca las puertas de tu casa…

 

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