Volver a la niñez

Los grandes dolores nacen de la tendencia que tenemos todos los humanos de crear expectativas con respecto a las personas, a la vida, al futuro. Nos olvidamos de pequeños detalles que nos conducen a los daños y a los padecimientos: el libre albedrío de los demás ( que básicamente consiste en la posibilidad de hacer lo que les da la gana),de los misterios de la vida guiados por eso que llaman destino o Dios, según sea el caso y de la inexistencia del futuro, un intangible que no será porque cuando llega ya no es futuro, es presente.

 

Nos gusta imaginar cosas, nos gusta idealizar a las personas, nos gusta hacer conjeturas acerca del mañana, nos gusta pensar con el deseo, esperar de los demás. Y ahí morimos, porque todo lo ajeno, todo lo externo, todo lo extraño, está por fuera de lo que podemos controlar. Por eso, toda espera trae su guayabo.

El libre albedrío de los demás, consiste básicamente en la posibilidad de que hagan lo que es da la gana y no lo que queremos o esperamos

Decirlo es fácil, hacerlo, casi un imposible, porque los seres humanos tendemos a hacer las cosas esperando que algo nos sea devuelto, una reacción, una respuesta. Muchos, quisiéramos tener algo de estoicos para entender que “el bien no está en los objetos externos, sino en la sabiduría y dominio del alma, que permite liberarse de las pasiones y deseos que perturban la vida”. Pero no.

Paradójicamente, la solución tal vez no sea madurar, sino volver a nuestras épocas infantiles donde hacíamos las cosas sin esperar nada a cambio. Dábamos sin esperar que los demás nos devolviesen. Y éramos felices. Pero crecimos y pensamos que el amor, la amistad o las relaciones humanas consistían en aprender a negociar, en sumas y restas, en mercantilizar nuestra existencia. Y así nos va y por eso no nos queda más que el sufrimiento y la impotencia.

Elena Villalba

Me gusta el sexo oral y escrito. Bloguera especialista en la condición humana

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