Hay nombres propios que son referentes de deseo de olvido, que son sensación de sabor metálico, textura de pavimento, caminos empañados como espejo de ególatra, callejones estrechos atorados en su arrogancia, trágicos símbolos del amor ausente y, como las calles de una sola vía, “finitos”, prematuramente, a mitad de esa palabra pero hay otros





