La venganza del cuerpo

Uno en los veinte vivía convencido de dos cosas: que era inmortal y que el cuerpo era un socio fiel, silencioso y bastante alcahueta. Uno lo maltrataba sin pudor y el cuerpo respondía como un empleado antiguo: aguantando, resolviendo, sin poner queja formal. Dormir tres horas, comer a cualquier hora, mezclar licor barato con decisiones