Hay una frase que los jóvenes usan con una tranquilidad ofensiva cuando un hombre maduro intenta darles un consejo: “Es que usted es de otro tiempo.” Y lo dicen como si uno hubiera llegado en carreta. No importa si el consejo tiene sentido. No importa si ya uno se equivocó exactamente de la manera que
Hay palabras que envejecen peor que uno. Pensionado, por ejemplo.Uno la escucha y de inmediato aparece una imagen bastante injusta: señor con chaleco beige, periódico bajo el brazo, pantuflas, tiempo ilimitado y una relación peligrosamente cercana con las palomas del parque. No importa si la persona corre cinco kilómetros, trabaja, emprende, viaja, se enamora, estudia[…..]
Hay una edad en la que uno deja de soñar con “hacer todo juntos” y empieza a valorar profundamente una frase mucho más romántica: “Nos vemos mañana.” No porque falte amor. Al contrario. Porque después de cierta edad uno entiende que querer a alguien no necesariamente implica compartir baño, clóset, control remoto, temperatura del aire[…..]
Hubo una época en la que uno iba al gimnasio para verse bien sin camisa. Hoy uno va para poder ponerse la camisa sin hacer un ruido raro con el hombro. Ese pequeño cambio resume bastante bien la evolución. A los veinte, el gimnasio era vanidad, conquista, testosterona y una fe irresponsable en que hacer[…..]
Hace unos días una mujer que acababa de conocer me hizo una pregunta que, debo admitirlo, me dejó pensando más de la cuenta: ¿Y cómo crees que es el amor después de los 50? Uno a esta edad ya debería estar preparado para preguntas difíciles. El colesterol, la pensión, qué quiere hacer con el resto[…..]
Si mi papá viviera hoy estaría perdido. No por falta de inteligencia. Al contrario. Era de esa generación capaz de arreglar una llave, cambiar una llanta, negociar una deuda, orientarse sin GPS y encontrar una dirección preguntándole a tres desconocidos y a un señor de una tienda. Pero póngalo hoy a pedir un café con[…..]
Hay una edad en la que uno ya debería tener ciertos aprendizajes claros. Que el cuerpo no perdona. Que el azúcar cobra. Que una mala almohada puede arruinar una semana. Y que después de los cincuenta hay una regla casi universal en la amistad masculina: amigo que se cuadra, amigo que se pierde. No siempre,[…..]
Hubo un tiempo en que la gente tenía hijos. Ahora, en cambio, tiene mascotas con cuenta de Instagram, cumpleaños temático, cama ortopédica, galletas artesanales y un perfil emocional más trabajado que el de media familia. No estoy criticando. Solo estoy observando el derrumbe con cariño. Porque sí: algo cambió. Y no poco. Pasamos de criar[…..]
En Colombia cambiar de gobierno no es exactamente un proceso político. Es más bien una disciplina emocional. Una mezcla entre esperanza irresponsable, pánico preventivo, cadenas de WhatsApp, análisis de taxi y gente que de un día para otro descubre que siempre supo exactamente lo que iba a pasar. Aquí nadie cambia de gobierno con calma.[…..]
Hay dolores que uno reconoce de inmediato: una tusa, una mala noticia, un recibo inesperado, una rodilla que avisa. Y hay otros más raros, más silenciosos, más difíciles de explicar, como el vacío que deja un Mundial cuando se acaba. El Mundial termina y uno entra en una especie de duelo que no sale en[…..]















