Hay una frase que ha perseguido a mucha gente toda la vida: “es que eres muy disperso”. O peor: “te falta voluntad”. La escuchaban de niños en el colegio, se la repitieron los profesores, después los jefes, y con suerte —o con desgracia— terminaron creyéndosela ellos mismos. Lo que casi nadie les dijo es que
Estoy cambiando, cambiando como todo cambia no percibo la muda de piel ni la gracia con que crece mi pelo ayer tuve en la boca un sabor blanco y dulcemente redondo, y hoy, cuando revisé el recuerdo, encontré desencajada la geometría del placer estoy cambiando sin notarlo, sin avisarme que he dejado[…..]







