Hay mañanas en las que uno se levanta y el mundo del cine simplemente no es el mismo. El jueves 22 de enero fue una de esas. Desde el Teatro Samuel Goldwyn en Beverly Hills, Danielle Brooks y Lewis Pullman anunciaron las nominaciones a los Oscar 2026, y lo que parecía un trámite rutinario terminó siendo un terremoto de magnitud histórica. Porque resulta que Ryan Coogler acaba de hacer algo que nadie —literalmente nadie— había logrado en casi un siglo de premios: conseguir 16 nominaciones para una sola película.Sí, leyeron bien. Dieciséis.
Sinners, su thriller de vampiros ambientado en la Depresión, no solo superó el récord de 14 nominaciones que parecía intocable (ese que compartían Titanic, La La Land y All About Eve), sino que lo pulverizó. Y lo hizo siendo una película de terror, un género al que la Academia tradicionalmente le ha dado la espalda como si tuviera mal aliento. Coogler básicamente llegó, pateó la puerta y les recordó a todos que el cine de género puede ser tan sofisticado y ambicioso como cualquier drama de época empolvado.
¿Cómo se consigue semejante hazaña? Pues siendo bueno en todo. Y cuando decimos todo, es todo: Mejor Película, Director, Actor (Michael B. Jordan haciendo doble papel de gemelos), Actor de Reparto (Delroy Lindo, finalmente nominado a los 73 años), Actriz de Reparto (Wunmi Mosaku), Guion Original, Fotografía, Diseño de Producción, Vestuario, Montaje, Canción, Banda Sonora, Maquillaje, Sonido, Efectos Visuales y la nueva categoría de Casting.
Ahí está el truco: la nueva categoría de Casting fue el empujón final. Sin ella, Sinners habría empatado el récord histórico. Con ella, lo destrozó. Es como si Coogler hubiera diseñado la película perfecta para esta nueva era expandida de los Oscar, donde las artesanías técnicas cuentan tanto como el drama y las lágrimas.
Y ojo, no es solo volumen de nominaciones. Es que Sinners logró algo que parecía imposible: ser una película de vampiros que se toma en serio, ambientada en el Delta del Mississippi de 1930, con comentario social sobre el racismo, actuaciones memorables y una factura técnica de primer nivel. Es Get Out con colmillos, básicamente. O 12 Years a Slave con sed de sangre. Elijan su metáfora favorita.
Mientras Coogler domina las estadísticas, hay otra película que domina los corazones: One Battle After Another, la nueva de Paul Thomas Anderson. Con 13 nominaciones (que en cualquier otro año serían noticia de portada), la cinta de PTA es el contrapeso emocional y crítico de esta temporada.
La narrativa aquí es demoledora: Anderson, su director, lleva 14 nominaciones en su carrera y cero victorias. Cero. Es el Scorsese pre-The Departed, el Spielberg antes de la Lista de Schindler. Y One Battle After Another —un thriller político protagonizado por Leonardo DiCaprio como un ex revolucionario escondido con su hija— parece diseñada para ser su momento de coronación. Ya ganó Mejor Película en los Critics Choice y Mejor Película (Comedia/Musical) en los Globos.
Y es que Anderson logró meter a tres de sus actores en las categorías de interpretación: DiCaprio en Mejor Actor, Benicio Del Toro y Sean Penn peleándose entre ellos en Mejor Actor de Reparto, y Teyana Taylor —quien ganó el Globo de Oro— como favorita absoluta en Mejor Actriz de Reparto. Esa densidad de talento no se ve todos los días.
La batalla del 15 de marzo (cuando Conan O’Brien conduzca la ceremonia) será, entonces, una guerra entre dos visiones: la audacia técnica y de género de Coogler versus la consagración merecida de uno de los grandes autores vivos del cine estadounidense.
Mejor Película: un campo de batalla de diez
La categoría reina tiene diez nominadas, y es un abanico fascinante. Además de Sinners y One Battle After Another (ambas de Warner Bros., lo que debe hacer las reuniones internas muy incómodas), tenemos:
Marty Supreme de Josh Safdie, con Timothée Chalamet jugando tenis de mesa y siendo el favorito absoluto a Mejor Actor.
Sentimental Value, la noruega de Joachim Trier que Neon logró posicionar como contendiente seria con 9 nominaciones.
Frankenstein de Guillermo del Toro, visualmente deslumbrante aunque sin nominación a Mejor Director.
Hamnet de Chloé Zhao, la cuota de prestigio literario con Jessie Buckley.
F1 con Brad Pitt, porque la Academia todavía respeta el espectáculo puro.
Bugonia con Emma Stone en modo raro.
The Secret Agent, el thriller brasileño de Wagner Moura.
Train Dreams, la sorpresa silenciosa que entró sin nominaciones actorales.
Es decir: terror, thrillers políticos, biopics deportivos, dramas familiares internacionales, ciencia ficción gótica, adaptaciones literarias y hasta un western meditativo. La Academia está intentando agradar a todos, pero la pelea real es entre las dos primeras.
Mejor Director: la deuda histórica versus el logro del año
Paul Thomas Anderson, Ryan Coogler, Josh Safdie, Joachim Trier y Chloé Zhao. Guillermo del Toro quedó afuera, lo que duele, pero la rama de directores claramente prefirió el realismo autoral sobre la fantasía gótica.
La pregunta es simple: ¿le dan el premio a Anderson porque ya debería tenerlo, o se lo dan a Coogler por hacer historia? Si Coogler gana, sería el primer director negro en llevarse la estatuilla en esta categoría. La presión simbólica y cultural es enorme.
Mejor Actor: ¿es finalmente la hora de Chalamet?
Timothée Chalamet (Marty Supreme), Leonardo DiCaprio (One Battle After Another), Ethan Hawke (Blue Moon), Michael B. Jordan (Sinners) y Wagner Moura (The Secret Agent).
Chalamet ganó el Globo y el Critics Choice. Tiene el momentum, la juventud, el carisma y una actuación que requiere tanto físico como emoción. Pero Wagner Moura ganó el otro Globo (Drama) y representa un hito para el cine latinoamericano. Y Jordan tiene el papel técnico más difícil (gemelos), aunque eso no siempre se traduce en votos.
Si hay que apostar , diríamos Chalamet. Pero Moura puede dar el campanazo.
Mejor Actriz: el caos absoluto
Jessie Buckley (Hamnet), Rose Byrne (If I Had Legs I’d Kick You), Kate Hudson (Song Sung Blue), Renate Reinsve (Sentimental Value) y Emma Stone (Bugonia).
Buckley tiene los dos premios grandes (Globo Drama y Critics Choice), pero esta categoría es una ruleta rusa. Byrne ganó el Globo de Comedia y ha volado bajo el radar. Reinsve podría dar la sorpresa si Sentimental Value tiene un efecto de arrastre con sus 9 nominaciones.
Y la gran ausencia que tiene a todos indignados: Chase Infiniti de One Battle After Another, considerada una revelación, quedó totalmente afuera. Es el robo del año.
Mejor Actor de Reparto: historia versus transformación
Benicio Del Toro, Jacob Elordi (Frankenstein), Delroy Lindo (Sinners), Sean Penn y Stellan Skarsgård (Sentimental Value).
El corazón de Hollywood está con Delroy Lindo. Primera nominación a los 73 años después de décadas siendo uno de los mejores actores de carácter del país. La narrativa de «finalmente reconocido» es potentísima.
Pero Jacob Elordi ganó el Critics Choice por interpretar al Monstruo bajo toneladas de prótesis. La Academia adora las actuaciones transformadoras (pregúntenle a Gary Oldman). Y Skarsgård ganó el Globo, así que esto está completamente abierto.
Mejor Actriz de Reparto: Teyana Taylor se comió la película
Elle Fanning y Inga Ibsdotter Lilleaas (ambas de Sentimental Value), Amy Madigan (Weapons), Wunmi Mosaku (Sinners) y Teyana Taylor (One Battle After Another).
Taylor ganó el Globo y es la favorita. Punto. Las críticas hablan de ella como una fuerza magnética que domina cada escena en la que aparece. El hecho de que haya dos actrices de Sentimental Value probablemente las anule mutuamente, despejando el camino para Taylor.
Hay dos escenarios posibles para la noche de los Oscar:
Escenario 1: La aplanadora Sinners. La Academia decide que el logro técnico y la audacia de género merecen ser reconocidos a lo grande. Coogler gana Director y Mejor Película, y Sinners se lleva entre 8 y 10 estatuillas en una noche tipo Titanic.
Escenario 2: La consagración de Paul Anderson. Los votantes reparten los premios técnicos a Sinners (que igual se iría con 6-7 premios), pero le dan lo gordo —Película, Director, Guion— a One Battle After Another por su resonancia emocional y para saldar la deuda histórica con Anderson.
Las apuestas favorecen el Escenario 2. Pero con 16 nominaciones, subestimar el apoyo masivo hacia Sinners sería un error garrafal.
Lo único seguro es que la noche del 15 de marzo será épica. Porque cuando dos películas de este calibre chocan, el cine siempre gana. Aunque solo una se lleve la estatuilla dorada a casa.
