Hay una ironía cruel en el mercado laboral colombiano: las empresas buscan “experiencia comprobada” en sus ofertas de trabajo, pero cuando esa experiencia viene con canas, de repente ya no les interesa tanto. El 50% de los mayores de 50 años ha sentido el rechazo en carne propia. Uno pensaría que después de tres décadas puliendo un oficio, el camino sería más fácil. Resulta que es al revés.
Pero acá está la cosa: lo que las empresas están desechando, el mercado lo está recogiendo. Y con hambre.
El 40% de los micronegocios en Colombia ya son liderados por mayores de 50 años. No porque sea la moda del momento o porque algún gurú de Silicon Valley lo haya recomendado en un podcast. Es porque esta generación entendió algo fundamental: si nadie te va a dar el espacio, te lo creas tú mismo. Y resulta que cuando tienes treinta años de experiencia, sabes exactamente qué espacio crear.
Tomá el caso de Hilda Zapata con Sin la Etiqueta, una marca de moda que no solo vende ropa, sino que desafía los estereotipos de cómo debería vestirse la gente según su edad. O Andrés Felipe Pérez, que después de años en el deporte fundó Sports College, donde forma jóvenes atletas con una visión que solo da haber visto el juego desde todos los ángulos. O María Esperanza Arbeláez, que convirtió los sabores de toda la vida en Sazonadores Pancha, rescatando recetas que las nuevas generaciones ni siquiera conocían.
No son unicornios. Son personas que supieron leer lo que el mercado necesitaba porque ya habían visto ese mercado evolucionar durante décadas. Esa es la ventaja que nadie cuenta: a los 55 no estás empezando de cero. Estás empezando con un arsenal.
Claro, el panorama tiene sus trampas. Solo tres de cada diez negocios sobreviven más de cinco años. La brecha digital es real: el 73% de los mayores de 60 tiene problemas serios con la tecnología. Y conseguir financiamiento sigue siendo una odisea, porque los bancos todavía creen que la edad es un factor de riesgo, ignorando que este grupo tiene mejores tasas de pago que los veinteañeros.
Pero acá está lo que está cambiando: el sistema está empezando a darse cuenta de que necesita a esta generación.
Bogotá lanzó Emprendópolis, que no solo da hasta tres millones de pesos en capital, sino formación específica en sectores donde la experiencia es oro: gastronomía, moda, artesanías. Al Punto Bogotá ofrece créditos con tasas preferenciales para mayores de 50. La Cámara de Comercio montó todo un programa de Economía Plateada, porque se dieron cuenta de que ese mercado representa el 12% del PIB y está creciendo más rápido que cualquier otro sector.
Y no es filantropía. Es que Colombia está envejeciendo a una velocidad que nadie anticipó. La edad promedio pasó de 31 años en 2020 a una proyección de 44 para 2050. El envejecimiento más acelerado de toda la OCDE. Para 2026, más del 20% de la población tendrá más de 65 años. Eso significa que hay todo un mercado de personas que necesitan productos y servicios diseñados para ellos. ¿Y quién mejor para entender esas necesidades que alguien que ya las está viviendo?
Ahí está la oportunidad real. No en competir con los jóvenes en sus términos, sino en crear algo que solo tú puedes crear porque tienes el contexto que a ellos les falta.
La clave está en jugar con las cartas correctas. La tecnología no tiene que ser el enemigo: hay herramientas cada vez más sencillas para manejar un negocio sin necesidad de ser ingeniero en sistemas. Los pagos digitales ahora son inmediatos e interoperables, lo que significa que podés cobrar sin necesidad de datáfonos caros. Y lo más importante: la gente valora la autenticidad. En un mercado saturado de marcas impersonales y productos genéricos, una historia real, contada por alguien que la vivió, es un diferenciador brutal.
Lo que sí requiere es honestidad. Emprender a los 55 no es lo mismo que emprender a los 25. No tienes el mismo margen de error. No puedes darte el lujo de quemar tus ahorros en un experimento mal planeado. Por eso los emprendimientos más exitosos en esta etapa son los que se apoyan en lo que ya sabes hacer, pero con un giro que lo hace relevante hoy.
Un contador que trabajó toda la vida en empresas grandes y ahora asesora a pequeños negocios que no pueden pagar un departamento financiero completo. Una chef que pasó décadas en restaurantes y ahora da talleres de cocina saludable para personas con su mismo rango de edad. Un ingeniero que convierte su experiencia en consultoría especializada para empresas que necesitan resolver problemas específicos, no contratar a alguien de planta.
El propósito también cuenta. A esta altura de la vida, montar un negocio solo por plata no funciona. Los proyectos que prosperan son los que conectan con algo más profundo: dejar un legado, transmitir conocimiento, crear algo que tenga sentido más allá del extracto bancario. Eso no es romanticismo barato; es estrategia pura. Cuando tu negocio tiene un para qué claro, es más fácil aguantar los días difíciles. Y días difíciles va a haber.
También está el tema de la salud mental. El 36% de los dueños de negocios reporta que el estrés afecta su semana laboral. Pero acá hay otra ventaja de la edad: ya sabes cómo gestionar crisis. Ya pasaste por reestructuraciones, jefes imposibles, proyectos que se cayeron. Esa resiliencia que te obligaron a desarrollar en el mundo corporativo ahora es un activo. No te vas a desmoronar porque un mes salió flojo o porque un cliente se fue.
Lo que falta es infraestructura de soporte más robusta. Los programas están, pero son insuficientes. Tres millones de pesos en capital semilla no alcanzan para mucho. Las tasas de crédito “preferenciales” siguen siendo prohibitivas para quien no tiene patrimonio. Y la formación en herramientas digitales tiene que dejar de ser genérica y volverse práctica: no cursos de redes sociales, sino cómo facturar electrónicamente, cómo cobrar por transferencia, cómo manejar inventario con una app sencilla.
Pero mientras el sistema se pone al día, la realidad es que miles de personas ya están haciéndolo. No están esperando el momento perfecto ni las condiciones ideales. Están usando lo que tienen: contactos acumulados en décadas, conocimiento probado en trincheras, credibilidad ganada con años de hacer las cosas bien.
Y están descubriendo algo que las empresas que los rechazaron no entienden: la experiencia no es solo saber hacer algo. Es saber qué hacer cuando sale mal. Es anticipar problemas antes de que exploten. Es tener la paciencia para construir algo sólido en lugar de buscar el éxito viral instantáneo.
Colombia está sentada sobre una mina de oro de talento senior que apenas está empezando a explotar. La economía plateada no es un slogan: es un mercado real, creciente, con necesidades específicas que nadie está atendiendo mejor que quienes ya están en esa etapa. Turismo adaptado, vivienda colaborativa, servicios financieros para la desacumulación, educación continua para mantenerse vigente.
Emprender a los 55 en Colombia es difícil. Pero también es posible. Y para muchos, está resultando ser más satisfactorio que los últimos veinte años trabajando en una empresa que los veía como un costo a reducir en la próxima reestructuración.
Al final, el talento no tiene fecha de vencimiento. Solo estaba esperando el espacio correcto para desplegarse. Y ese espacio, resulta, te lo puedes crear tú mismo.
