Otra noche más de insomnio. En realidad, yo ya no sé si es que me acuesto muy temprano, incontinencia o que me levanto muy de madrugada. ¿O todas? El caso es que abro mis ojos sin que nadie me los abra. Tengo los pies congelados por el frío. Paletas tallas 40 sin nadie que las lama. Un gato maúlla. Un perro ladra. Una moto pasa. Una mujer jadea de placer. Siento envidia. No por el gato que ya tiene bastante con ser gato. No por el perro con sus pulgas y su cola. No por la moto con su ruido. A veces es sólo la vida la que pasa. A veces es sólo la vida lo que pasa. O ¿será la moto?
Una luz se cuela por la ventana. No sé si es un bombillo o es la luna. Podría dormir en una caja de fósforos, porque a veces siento que mi cama ya es muy grande. Lo malo es que ya nadie usa fósforos. Ni mi cama.La última vez que dormí acompañado fue en Transmilenio hace dos meses.
Yo, que suelo ser un tipo raro, desigual, un poco diferente, me rio de mí mismo, porque ya no entiendo si lo que pasa por mi cabeza se acerca a la psicosis inducida por tóxicos, psicosis reactiva breve, trastorno delirante, psicosis orgánica, esquizofrenia, trastorno esquizofreniforme, trastorno bipolar, trastorno esquizoafectivo o frío en los pies. O simples ganas de joder.
La luna está llena y yo con hambre.
Me encanta la luna. Tiene cierto poder que me atrae, que me empuja a la nostalgia, pero también me excita la esperanza. O simplemente me excita. A la larga, la luna es un estado de ánimo.La luna, esa perra plateada que nos espía desde su burdel celeste, esa alcahueta cómplice de los borrachos que mean en las esquinas mientras le confiesan sus fracasos. Ahí está, redonda y obscena, como una luz incandescente colgada en el vacío, iluminando la miseria de esas almas extraviadas – o insomnes- que levantan sus rostros sucios para pedirle un milagro que nunca llegará porque tal vez la luna es el milagro. La vida pesa. Y yo tan flaco.
Los griegos creían que la luna era una tríada, compuesta por las diosas Artemis, Selene y Hécate. Artemis, diosa virgen de la caza, representaba la virginidad y por eso se relacionaba con la luna creciente. Selene se asociaba con la madre y con la luna llena. Y a Hécate se la relacionaba con la luna menguante y la vejez. Me rio. Son las dos de la mañana y yo pensando en diosas griegas. O leyendo a Sabines: «La luna se puede tomar a cucharadas o como una cápsula cada dos horas. Es buena como hipnótico y sedante y también alivia a los que se han intoxicado de filosofía. Un pedazo de luna en el bolsillo es mejor amuleto que la pata de conejo: sirve para encontrar a quien se ama, para ser rico sin que lo sepa nadie y para alejar a los médicos y a las clínicas.»
Putas, poetas, gatos, perros, celadores, científicos, astrólogos, astrónomos, griegos, brujas, ladrones, amantes y locos, todos, vemos la luna de una forma diferente Como la vida, que cada quién asume a su manera. Como quiere. Como puede.
La mujer vuelve a gemir de placer. Qué envidia…