Estoy feliz y se me está notando. Aligero mi equipaje, me hago preguntas cada día y le doy muerte a mis certezas.A veces siento que estoy más solo que un perro en procesión de mudos y a veces,que la soledad no es ausencia sino presencia brutal de mi conmigo.
Amo a las que amo,creo en el recuerdo de tus piernas tibias en mi cama, bendigo a las personas que me cruzo,deconstruyo sus palabras y sus hechos, digo la que quiero y lo que pienso, sin buscar convencer o adivinar. Siento emoción sincera y esperanza en lo que viene. Lo que fue fue y lo que no, puede ser de otra manera y entonces ya no será lo que no fue, sino simplemente lo que es y lo bendigo.
Me hago preguntas pueriles e infantiles como si la nada es algo o qué hubo antes del antes o por qué es, cuando pudo no haber sido. He hecho del por qué mi última palabra,que es como un halo infinito que me empuja y me da vida.Intento entender para poder juzgar pero no para dictar sentencia sino para entender y no juzgar. Lo mío es un saber inútil porque no busco convencer o adivinar, ni mucho menos sacar ventaja.Lo mío es algo más sencillo y es que me quieran un poquito más después de haber leído.O visto. O tocado.Para no morirme tan rápido, para esquivar la putrefacción del olvido.Escribo y digo porque si no lo hago, me pudro por dentro como fruta olvidada en el fondo de una nevera sin luz.
Miro a los otros y ya no intento poseerlos.Ya no.Sólo los miro. Solo, los miro.O los toco y entonces ya no estoy solo. Y ya no estoy sólo. Los deconstruyo,los desarmo,los desajusto, los desencajo, los desacoplo, los demenuzo, los acaricio,los palpo,los tiento, los hurgo, para saber y entender la forma en que están hechos para luego amarlos sin remedio o dejarlos ir y desearles que haya viento en su buen viaje, que es otra forma de amarlos sin remedio.Creo que el amor real es conflictivo, cambiante, incontrolable y nunca una fusión total, porque el «otro» es siempre inaccesible. Siempre quiero entrar, pero a veces es complicado decidir por donde.
Estoy feliz y se me está notando. Me miro y ya no intento poseerme. Me toco, me deconstruyo, me desarmo, me desajusto, me desencajo, me desacoplo, me desmenuzo, me acaricio, me palpo, para entender la forma en que estoy hecho, para amarme sin remedio o para dejarme ir y que haya viento en mi buen viaje. Mi amor por mí es real, conflictivo, cambiante, incontrolable.
Lo único que tengo es esto: el instante, el ahora, este segundo que ya se fue mientras lo nombraba, esta carne que late y que un día dejará de latir sin pedir permiso. ¿Rendirme? Rendirse es de cobardes y ya está muy viejo para serlo.
En fin. No sé si la nada es algo o es algo porque es nada…