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Nadie nos sucede dos veces

Nadie nos sucede dos veces. Hay cosas que inevitablemente están destinadas a pasar. Hay personas que inevitablemente están destinadas a pasar. Y a veces pasan y te arrasan. Y a veces pasan y te llenan. Y a veces pasan y te abrazan. Y a veces pasan y te sanan. Y a veces pasan y de paso te desarman. Y a veces pasan y te cambian la existencia. Y a veces pasan y se van. Porque las personas pasan cuando toca, porque las personas pasan cuando tocan. Una casualidad, en realidad son dos casualidades.

Y claro que hay teorías. Suerte, sino, magia, hechizo, karma destino. Hasta la noética de la ficción que dice que el amor no es solo un sentimiento químico o un azar biológico, sino un fenómeno de resonancia y entrelazamiento. No se trata de «buscar» a alguien en un catálogo, sino de elevar tu propia vibración interna. Según esta teoría, solo puedes «ver» o «sentir» a la persona amada si tu dial mental está en la misma longitud de onda.

Hoy, acá sentado en mi sala viendo llover en esta Bogotá triste y gris he terminado por convencerme que el amor es un regalo divino, de Dios, del universo, o de quien putas creamos. Es una gracia que nos permite distinguir entre una multitud a la persona que es y no al contrario: escoger entre una multitud a la persona a la que quiero amar. Y pues sí, para mí, una vez más Cortázar tiene razón en su Rayuela: “Como si se pudiera elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te partiera los huesos y te dejara estacado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al vesre. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto”.

En fin, no sé. Yo sólo sé que, si el amor no lo vemos, es como tropezarse con Dios a la entrada de Transmilenio y hacerle el feo. Pero claro, el que sea un regalo del universo no lo hace ni eterno, ni perenne, ni perpetuo, ni simultáneo. Ni siquiera tranquilo, porque cuando el otro lo ve y lo siente en el mismo tiempo y en el mismo espacio, es lo que los locos llaman la felicidad completa, un orgasmo irremediable. Si lo dejamos pasar, es probable que no vuelva. Si se acaba, también es improbable que se olvide porque hizo parte de nosotros. Por eso creo que hay personas que son un destino ineludible, una bendición, una profecía, una premonición o tal vez la fuerza cósmica de la causa y el efecto.

Tal vez todo se trata de estar con los ojos bien despiertos, de resguardarse en el silencio, acallar los ruidos, sin mirar para otro lado, con el corazón atento, sin buscar distracción en otra esquina. En el tiempo y el lugar perfecto para que te arrasen, para que te llenen, para que te abracen, para que te sanen, para que te desarmen y tal vez te cambien la existencia, porque nadie nos sucede dos veces…

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