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Phil Collins: Una Leyenda

Hay momentos en que la música se detiene antes que el músico. Phil Collins, ese hombre menudo con la calvicie más famosa del rock, conoce bien esa cruel ironía del tiempo. A sus 74 años, el que fuera el corazón percusivo de Genesis y la voz que susurraba «I can feel it coming in the air tonight» desde todos los radios del mundo en los ochenta, apenas puede sostener una baqueta.

«Apenas puedo sostener una baqueta con esta mano», confesó en 2021, con esa honestidad brutal que solo tienen los hombres que han tocado fondo y ya no temen a nada. Las palabras golpean más fuerte que cualquier bombo, porque viniendo de quien hizo de la batería un arte, suenan como una sentencia.

La historia de Collins siempre tuvo algo de fábula moderna. A los siete años, durante unas vacaciones familiares, tuvo la audacia de detener a una orquesta en plena actuación para corregir su afinación mientras cantaba «The Ballad of Davy Crockett». Ese niño impertinente que ya tenía el oído perfecto a los cinco años, cuando recibió su primera batería, era el mismo que años después se convertiría en uno de los tres artistas en la historia —junto a Paul McCartney y Michael Jackson— en vender más de 100 millones de discos tanto en solitario como con una banda.Pero la vida, esa editora implacable, tiene sus propias correcciones que hacer.1974. Peter Gabriel abandona Genesis después de *The Lamb Lies Down on Broadway*, dejando a la banda en el limbo. Cuatrocientos cantantes audicionaron para reemplazarlo. Cuatrocientos. Y al final, la respuesta estaba detrás de la batería, en ese joven Collins que había estado marcando el tiempo desde 1970.

Lo que siguió fue una metamorfosis extraordinaria: el rock progresivo e intelectual de Genesis mutó hacia algo más digerible, más humano. Álbumes como *Invisible Touch* (1986) convirtieron a la banda en una máquina comercial que facturó seis millones de copias solo en Estados Unidos. El tema principal fue la única canción de Genesis en alcanzar el número uno en ese país.Collins había salvado a Genesis, pero a cambio había sacrificado algo de su alma progresiva. Los puristas nunca se lo perdonaron.Los ochenta fueron de Collins como los setenta fueron de los Beatles o los noventa de Nirvana. *Face Value* (1981), su álbum debut como solista, fue más exitoso que cualquier trabajo previo de Genesis. «In the Air Tonight» se convirtió en himno generacional, con ese break de batería que llegaba como una epifanía después de tres minutos y medio de tensión contenida.Entre 1984 y 1990 logró 13 éxitos consecutivos en el Top Ten estadounidense. Solo en 1985 tuvo tres canciones número uno, más que cualquier otro artista ese año. «Against All Odds«, «Sussudio», «One More Night»… nombres que definieron una década.

*No Jacket Required* (1985) fue su obra maestra comercial: número uno simultáneo en Estados Unidos y Reino Unido, disco diamante, más de 10 millones de copias vendidas. El Grammy al Álbum del Año fue apenas la cereza del pastel.

Pero el éxito en el rock siempre cobra peaje. Años de tocar la batería con mala postura, la intensidad física de miles de conciertos, el desgaste natural de una vida dedicada a la música. En 2007, una lesión espinal dañó sus vértebras cervicales y le causó daño nervioso permanente. Las cirugías se sucedieron: 2009, 2015, cada una dejando nuevas secuelas.El pie caído llegó como consecuencia inevitable. Esa condición que dificulta levantar la parte delantera del pie hizo que caminar fuera un desafío y que la batería, su primer amor, se convirtiera en un enemigo inaccesible.

Genesis realiza su gira final. Collins debe actuar sentado mientras su hijo Nic toca la batería en su lugar. La imagen es conmovedora y cruel: el maestro observando impotente cómo otro ocupa su lugar detrás del instrumento que definió su vida.»He pasado toda mi vida tocando la batería. De repente, no poder hacerlo es un shock», reflexionó en el documental Phil Collins: Drummer First (2024). «La batería ha pasado factura a mis manos, piernas…».En julio de 2025, los rumores de cuidados paliativos corrieron por internet como fuego en pajar seco. Su representante los desmintió: solo se recuperaba de una cirugía de rodilla. Pero el susto reveló cuánto significa Collins para varias generaciones que crecieron con sus canciones.

Phil Collins vendió 150 millones de discos como solista y más de 100 millones con Genesis. Ganó ocho Grammys, seis Brit Awards, un Oscar por «You’ll Be in My Heart» de Tarzan. Está en el Salón de la Fama del Rock and Roll. Los números son apabullantes, pero insuficientes para explicar su impacto.Collins fue el músico que democratizó la emoción. Convirtió el dolor personal en anthems universales, transformó las baladas en eventos cósmicos, hizo que millones de personas se sintieran comprendidas cuando sonaba «Another Day in Paradise» o «In the Air Tonight».Hoy, mientras la artritis y el daño nervioso le impiden tocar, Phil Collins sigue siendo la prueba viviente de que algunos artistas trascienden su tiempo. Su silencio actual es tan elocuente como fueron sus tambores: el final inevitable de una sinfonía que ya está completa.

El aire nocturno de esa canción inmortal sigue llegando. Siempre llega.

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