Hay una escena que se repite todos los días en Colombia, en México, en cualquier ciudad con wifi decente y gente con algo que perder. Alguien publica algo. Alguien más lo saca de contexto. Y en cuestión de horas, una persona real —con familia, con historia, con mañanas malas y tardes donde no es su
Aquello que vemos como el fin de la lozanía, del ímpetu y majestad del hueso, la sangre y la piel, conlleva una algarabía silenciosa y una infantil ilusión amansada en su interior; el intangible anhelo con que avivamos la continua sucesión del hilo que cose, apasionado y fino, el ajuar de las edades del tiempo[…..]







