Se amaron un martes, como si quisieran engañar al destino haciéndolo pasar por un día cualquiera. Nada de sábados con flores ni de domingos con resaca emocional. Un martes limpio, administrativo, casi discreto. Ella llevaba un vestido sencillo, sin encajes ni dramatismos. Él, una camisa que había planchado dos veces, como si así pudiera borrar





