Catalina encontró la foto por accidente, como se encuentran todas las cosas que cambian algo.Estaba buscando una imagen del cumpleaños de su nieta —la de las velitas, la que siempre piden en el grupo familiar— cuando apareció él en la pantalla. No una foto reciente, claro. Una foto escaneada, de esas que uno digitaliza en
Sofía se fue un jueves de octubre. No un día especial, no una fecha que uno pueda convertir después en aniversario del dolor. Un jueves cualquiera, con tráfico en la ochenta y cinco y olor a lluvia reciente en el apartamento.Dejó las llaves sobre la mesa del comedor. No en el gancho donde siempre las[…..]
La canción llegó un martes a las 10:47 de la noche, sin aviso, como llegan las cosas que uno creía haber archivado.Eres, de Café Tacvba. Spotify la catalogó como “rock en español, clásico alternativo”. El algoritmo tiene esa tendencia a nombrar con adjetivos lo que para algunas personas fue, en un momento concreto e irrecuperable,[…..]
Llegó un martes. No un viernes con vino y excusas bien ensayadas, sino un martes a las tres de la tarde, cuando él estaba en pantaloneta viendo un documental sobre la construcción del Canal de Panamá y comiendo maní directamente del tarro. Sonó el timbre y él pensó: el gas. Abrió la puerta y era[…..]
La primera vez que ella le escribió, él estaba revisando una vieja carpeta de impuestos que no iba a declarar nunca. Era una de esas tareas inútiles que uno hace para convencerse de que todavía organiza algo en la vida. El mensaje apareció en Facebook con esa discreción sospechosa de las cosas que terminan importando[…..]
Llegó diez minutos tarde. Eso también lo recordaba de él: la impuntualidad sin culpa, esa convicción de que el mundo esperaría porque él valía la espera. A los cincuenta y ocho años, algunos hombres se corrigen. Otros se profundizan. Elena lo vio entrar al café desde la ventana, antes de que él la viera a[…..]
Se amaron un martes, como si quisieran engañar al destino haciéndolo pasar por un día cualquiera. Nada de sábados con flores ni de domingos con resaca emocional. Un martes limpio, administrativo, casi discreto. Ella llevaba un vestido sencillo, sin encajes ni dramatismos. Él, una camisa que había planchado dos veces, como si así pudiera borrar[…..]
No nos estábamos buscando, pero en la vuelta de una esquina logramos encontrarnos. Tal vez fue el destino. El universo. O Dios.Era viernes. En Bogotá no llovía. Era una de esas tardes sin sol, pero sin frío. 5 de abril. Quedamos de vernos en un café al que yo solía ir de vez en cuando.[…..]
Germán llegó primero, como siempre. Pidió agua con gas y revisó el menú aunque sabía de memoria lo que iba a pedir. Era su forma de estar solo sin parecerlo.El restaurante era de esos que en Bogotá llaman “de toda la vida”, lo cual significa que tiene cuadros de toros y nunca ha cambiado la[…..]
El jueves en la mañana todavía había dos tazas en el escurridor. El viernes ya no estaba.Así de simple. Así de brutal. Sin carta, sin pelea final, sin la cortesía mínima de un portazo. Bernardo descubrió el vacío por un detalle estúpido: su crema dental. Elena usaba una diferente —sin flúor, por alguna convicción que[…..]














