Un café siempre será un buen plan

La primera vez que ella le escribió, él estaba revisando una vieja carpeta de impuestos que no iba a declarar nunca. Era una de esas tareas inútiles que uno hace para convencerse de que todavía organiza algo en la vida. El mensaje apareció en Facebook con esa discreción sospechosa de las cosas que terminan importando

¿Por qué nos vimos hoy?

Llegó diez minutos tarde. Eso también lo recordaba de él: la impuntualidad sin culpa, esa convicción de que el mundo esperaría porque él valía la espera. A los cincuenta y ocho años, algunos hombres se corrigen. Otros se profundizan. Elena lo vio entrar al café desde la ventana, antes de que él la viera a[…..]

El amor que no alcanzó

Se amaron un martes, como si quisieran engañar al destino haciéndolo pasar por un día cualquiera. Nada de sábados con flores ni de domingos con resaca emocional. Un martes limpio, administrativo, casi discreto. Ella llevaba un vestido sencillo, sin encajes ni dramatismos. Él, una camisa que había planchado dos veces, como si así pudiera borrar[…..]

5 de abril

No nos estábamos buscando, pero en la vuelta de una esquina logramos encontrarnos. Tal vez fue el destino. El universo. O Dios.Era viernes. En Bogotá no llovía. Era una de esas tardes sin sol, pero sin frío. 5 de abril. Quedamos de vernos en un café al que yo solía ir de vez en cuando.[…..]

En punto de tres

Germán llegó primero, como siempre. Pidió agua con gas y revisó el menú aunque sabía de memoria lo que iba a pedir. Era su forma de estar solo sin parecerlo.El restaurante era de esos que en Bogotá llaman “de toda la vida”, lo cual significa que tiene cuadros de toros y nunca ha cambiado la[…..]

Ella se fue un día

El jueves en la mañana todavía había dos tazas en el escurridor. El viernes ya no estaba.Así de simple. Así de brutal. Sin carta, sin pelea final, sin la cortesía mínima de un portazo. Bernardo descubrió el vacío por un detalle estúpido: su crema dental. Elena usaba una diferente —sin flúor, por alguna convicción que[…..]

El amor después de los descuidos

Había una planta en la cocina que Rodrigo nunca regó. Una de esas plantas que alguien trae un domingo con la mejor intención del mundo y que uno acepta con gratitud genuina y luego olvida con la misma naturalidad con que se olvidan las cosas que no duelen todavía. La planta murió en silencio, como[…..]

Nada grave

La máquina de café del tercer piso escupió el líquido con un sonido asmático, como si también estuviera cansada de las madrugadas. Eran las dos y diecisiete —lo sé porque el reloj digital del pasillo estaba adelantado seis minutos y alguien había pegado una nota que decía “NO TOCAR”— y yo llevaba cuatro horas sentado[…..]

¿Las cosas se acaban cuando se acaban?

Hay quienes creen que las cosas se acaban cuando se acaban. Yo digo que depende. Así como no se acaba el hambre porque yo lo piense o las guerras porque yo lo quiera, las relaciones afectivas no se acaban porque yo simplemente  un día tome una decisión. Creo firmemente que las relaciones humanas de cualquier[…..]

Amores para siempre

El amor siempre termina siendo una circunstancia, que a veces termina convertida en distopía, porque generalmente llega a nuestra puerta sin llamarlo para cambiarnos la existencia, no sin antes revolcarnos. Y es que el amor es una cosa y las relaciones de pareja, otra. El amor depende de uno y hace parte de nuestro libre[…..]