Hay días en que el aire se siente más denso, como si cargara el eco de todas las palabras que no dijimos y de las que, tal vez, nos arrepentimos. Vivimos en un tiempo extraño, uno donde las pantallas dictan veredictos y los dedos, veloces, trazan líneas entre el “sí” y el “no”, entre el
No nos digamos mentiras. En condiciones normales y a riesgo de generalizar, las mujeres no pedimos perdón. No estamos hechas para eso. Hay algo en nuestro ADN, que nos impide reconocer nuestros errores. Y no es que nos equivoquemos menos. No. Tampoco que seamos infalibles, ni que nos las sepamos todas. Lo que sucede es[…..]
Solía jugar un juego que llamábamos “personas, animales y cosas”. Era una especie de scrabble, o como dirían los jóvenes de hoy, un Worldle. Consistía en decir una letra y buscar nombres de personas, animales o de cosas que coincidieran. En fin. Hoy, a nuestra edad adulta, tal vez podríamos jugarlo pero en otro sentido, porque en nuestra vida[…..]
La vida es una pared. Todo lo que damos se nos devuelve tarde que temprano. Lo bueno y lo malo. Y es que todos tenemos una idea de la forma en que el universo se organiza. Unos creen en Dios, otros en el destino, otros en la energía y otros no creen en nada. Y[…..]
Si hay amor nunca será tarde y por eso habrá que intentarlo las veces que sea necesario, porque el amor es de valientes, de personas que un día se atrevieron a superar el miedo, la rabia, la culpa y lo ansiaron nuevamente. Si amando uno no es capaz de intentarlo, se merece todo lo malo[…..]










