¿Por qué nos vimos hoy?

Llegó diez minutos tarde. Eso también lo recordaba de él: la impuntualidad sin culpa, esa convicción de que el mundo esperaría porque él valía la espera. A los cincuenta y ocho años, algunos hombres se corrigen. Otros se profundizan. Elena lo vio entrar al café desde la ventana, antes de que él la viera a