Allá viene la esperanza

  Todos los días, a la misma hora, cuando el sol entra en perfecta comunión con los últimos estertores del día, Aurora , se acercaba a la ventana. Como si fuera un ritual sagrado, esperaba impaciente a que llegara. Con frecuencia, sus padres y hermanos solían hablar del tema. Le decían que era muy pequeña

Sin aplausos ni portadas

Bogotá tiene una vitrina que casi nadie mira con atención: la de los negocios que nacen después de los cuarenta y cinco, cuando ya nadie espera aplausos ni portadas. Ahí, entre una consultoría montada en la sala de la casa y un local que antes fue garaje, se está gestando algo que el imaginario colectivo[…..]