Parte 1 En esta serie de relatos sobre mi querido Polo, de ninguna manera podía faltar la evocación de algunos sitios emblemáticos que, con el paso del tiempo, construyeron la memoria viva de varias generaciones y que, poco a poco, fueron desapareciendo del barrio. Al iniciar el recorrido por la carrera 30, desde la esquina
Durante mis últimos treinta y cinco años, tuve la maravillosa y hermosa oportunidad de acompañar a varias generaciones de niños en su proceso de formación escolar. Día a día comprobé que la educación desde el afecto realmente sí surte efecto. Asimismo, constaté que la cotidianidad atravesada por una filosofía tan necesaria como lo es la[…..]
La tienda de la esquina y la cigarrería, al igual que los mismos barrios, fueron desapareciendo con el pasar de los años para dar paso a la modernidad y al desarrollo urbanístico de la ciudad. La aparición de la propiedad horizontal y, con ella, de los centros comerciales acabó con una de las tradiciones y[…..]
En aquel tiempo, la frontera sur del Polo estaba marcada por dos sitios emblemáticos: el gran depósito de materiales de construcción Eternit e indiscutiblemente, uno de los lugares más icónicos del barrio: la tienda de doña Teresa. Yo no sabía con certeza de dónde había venido ella, pero todo parecía indicar que vivía en los[…..]
Recorrer por la memoria lo que fue la infancia, la niñez y la adolescencia en los años 60-70 no sería igual si no miramos la convivencia con el vecindario del Polo. Considerado en la época como uno de los sitios más estratégicos del norte de Bogotá, nuestro barrio colindaba con otros igualmente tradicionales y emblemáticos.[…..]
La vida se teje con una suma de grandes y pequeñas circunstancias que, casi sin darnos cuenta, van delineando nuestro destino. Sin embargo, son las pequeñas, aquellas que parecen insignificantes, las que terminan marcándonos con mayor profundidad, porque son las que nos forman en silencio, nos fortalecen el alma y dan sentido a nuestros pasos.[…..]
La educación ha sido mi pasión, mi alegría y el motor de gran parte de mi vida, aunque no siempre fue así. Aún recuerdo mis lágrimas cuando, a muy temprana edad, mis padres me dejaron por primera vez en el jardín infantil, a unos cuantos pasos de mi casa. A pesar de los esfuerzos cariñosos[…..]
En mi querido Polo Club, el barrio que me vió crecer, el barrio de mi adolescencia, el barrio de una de las épocas más recordadas y memorables de mi vida, sucedieron muchas cosas que cambiaron mi destino. Una de ellas el hecho innegable de haberme convertido en buen bailarín, buena pareja de baile y destacarme[…..]
Mis primeros acercamientos al maravilloso mundo del séptimo arte no fueron, exactamente, en una sala de cine. Inicialmente, lo más cercano a ello fueron los cómics.En los años 60 me divertía con las travesuras y disparates de Tuco y Tico, las urracas parlanchinas; la vida en Riverdale con Archie, Torombolo y Verónica; en el Viejo[…..]
Para dar continuidad y coherencia a este maravilloso ejercicio de rescatar la memoria personal, quiero dedicar estas letras a uno de los episodios más hermosos de mi vida: una disciplina que se convirtió, con el tiempo, en una inseparable compañera que me escolta tanto en los momentos cotidianos como en los más cruciales: la música.[…..]















