Rosa Rojas Urdaneta, apodada desde su niñez “la Caperucita del Bosque”, se cansó un día de andar. A pesar de haber sido una luchadora —para algunos, una heroína, y para muchas, una verdadera feminista—, llegó el momento en que decidió detenerse en un sendero de su amado barrio, el
Ojalá te salpiquen las aguas de mi amor cuando en un descuido tu mano me roce y caiga mi deseo contenido como embravecido diluvio de lágrimas y te empape mi tormenta a golpes de melancólicos granizos ojalá te alcancen los rayos de mi amor cuando cada día te levantes y te bese el sol,[…..]







