“ Reloj, no marques las horas, porque voy a enloquecer…; reloj, detén tu camino, porque mi vida se apaga…”. Eso decía el famoso bolero de Roberto Cantoral y, premonitoriamente, algo parecido parecían pensar Eutimio Polanco y Primitivo Polanía mientras veían pasar los días desde aquel vetusto balcón. Tuvieron la suerte —o






