Durante más de cuarenta años, Víctor Cameron anduvo por tierras lejanas cubriendo el conflicto ancestral de la humanidad: la guerra. Desde muy joven, captó con la vieja cámara Voigtländer de su abuelo la sensibilidad social que lo rodeaba. Considerado un autodidacta, perdió rápidamente la inocencia fotográfica —esa que a muchos les cuesta






