Hay algo profundamente incómodo en ver morir un mundo que creías eterno. Warner Bros., esa fábrica de sueños que nos regaló a Bugs Bunny, a Batman y hasta el maldito logo del escudo que aparecía antes de cualquier película que valiera la pena, acaba de ser descuartizada como res en matadero. Netflix pagó 82.700 millones de dólares por quedarse con los pedazos buenos —Harry Potter, el Universo DC, Game of Thrones, los estudios de Burbank— y dejó el resto flotando en el vacío como basura espacial corporativa.
Lo que sobra se llamará “Discovery Global”, un nombre tan inspirador como “Empresa Genérica S.A.”, y tendrá todo lo que a nadie le importa ya: CNN, Discovery Channel, esos programas donde restauran casas que nadie puede comprar. Es el asilo de ancianos del entretenimiento, básicamente. Y mientras tanto, Paramount Skydance anda ofreciendo 108.400 millones para comprar todo junto, como diciendo “oigan, no sean bestias, no hay que matar al paciente para venderle los órganos”.
Pero aquí es donde la cosa se pone jugosa para nosotros, los del sur.Resulta que en la letra chiquita de este negocio hay un detalle que nos va a arruinar los miércoles por la noche: TNT Sports Latinoamérica se va con Netflix. Sí, leyeron bien. La Champions League, esa que veíamos en Max (o HBO Max, o como se llame esta semana), ahora la veremos en la plataforma del botoncito rojo. O no la veremos, según cuánto estemos dispuestos a pagar.
En México, donde TNT Sports tiene los derechos de la Champions y parte de la Premier, esto significa que si querés ver al Madrid contra el City vas a necesitar Netflix. No Max. No cable. Netflix. Y probablemente no el Netflix de siete dólares con anuncios, sino el “Netflix Sports Tier” que te van a clavar a 40 dólares mensuales porque ahora pueden hacerlo.
En Argentina la cosa es todavía más salvaje. TNT Sports maneja el “Pack Fútbol” que transmite la mitad de la Liga Profesional, incluido el Superclásico cuando les toca. Imagínense: River-Boca por streaming, en una app gringa, con el algoritmo de Netflix sugiriéndote “Contenido similar a este partido: documentales sobre hooligans ingleses”. Es grotesco, pero es lo que viene.Brasil, el mercado más grande de la región, verá cómo Netflix mete la cuchara en el monopolio sagrado de Globo. Partidos del Brasileirão en la misma plataforma donde ves *Stranger Things*. Suena conveniente hasta que te das cuenta de que tu internet no aguanta transmitir en vivo un Flamengo-Corinthians con tres millones de personas conectadas al mismo tiempo. Va a ser un desastre técnico hermoso.Chile, que tiene a TNT Sports (ex-CDF) como dueño virtual del fútbol nacional, verá su campeonato encerrado detrás del paywall más caro del continente.
Colombia se ha consolidado en la última década como el destino más atractivo para la inversión extranjera en producción audiovisual en América Latina, superando en algunos aspectos a México y Argentina gracias a la Ley 1556 (Fondo Fílmico Colombia – FFC y Certificados de Inversión Audiovisual – CINA).Warner Bros. Discovery, bajo la gestión regional, había identificado a Colombia como un “hub de producción para Latinoamérica”, realizando éxitos locales como la serie documental Garavito: la bestia serial y formatos de entretenimiento como Supervivencia al desnudo. Por su parte, Netflix ha invertido masivamente en producciones originales colombianas de alto presupuesto como Cien años de soledad, Pálpito, Perfil Falso y Distrito Salvaje.
Sinergias y Redundancias: La fusión provocará una revisión exhaustiva de la estructura corporativa en Bogotá. Es inevitable la duplicidad de roles en áreas administrativas, marketing, comunicaciones y distribución. Se prevén recortes de personal (“layoffs”) en las oficinas locales de WBD a medida que Netflix asuma el control operativo y centralice decisiones.
Capacidad de Producción: A pesar de los despidos administrativos, la demanda de producción física podría aumentar paradójicamente. Netflix necesitará alimentar su plataforma global con contenido en español, que ha demostrado tener una alta rentabilidad y capacidad de viaje (“travelability”) a otros mercados no hispanohablantes. Al poseer ahora los activos de estudio de Warner, Netflix podría trasladar producciones que antes se hacían en México o Miami hacia Colombia para aprovechar los incentivos tributarios CINA (descuento del 35% de la inversión) y la tasa de cambio favorable del peso colombiano frente al dólar.
Para los actores, directores, guionistas, showrunners y empresas de servicios técnicos (renta de cámaras, luces, catering) en Colombia, el mercado se reduce dramáticamente hacia una estructura de “monopsonio” (un único gran comprador).
Poder de Negociación: Anteriormente, una productora colombiana (como Dynamo, AG Studios o Fox Telecolombia) podía desarrollar un proyecto y ofrecerlo a Netflix; si era rechazado, tenía la opción de venderlo a HBO Max, Amazon Prime o Disney+. Con Netflix y HBO bajo el mismo techo corporativo, se elimina una puerta crucial de venta y financiación. Esto otorga a Netflix un poder desproporcionado para fijar tarifas, condiciones contractuales y retención de propiedad intelectual (IP) al talento local.
Homogeneización de Contenidos: Warner (y especialmente la marca HBO) solía apostar por contenidos más arriesgados, de nicho o con un tono más “autoral” y documental en la región. Netflix, por el contrario, tiende a buscar el atractivo masivo mediante el uso de algoritmos (“data-driven content”), favoreciendo el melodrama, la acción y las narco-novelas modernas. Existe el riesgo de una homogeneización del contenido colombiano, donde solo se aprueben (“greenlight”) proyectos que encajen en el algoritmo global de Netflix, sacrificando la diversidad narrativa y cultural que HBO impulsaba.
La lógica detrás de este monstruo de fusión es simple y cínica: si eliminas a tu competencia, puedes cobrar lo que se te de la gana. Netflix va a subir los precios porque puede. Porque HBO Max ya no existe para ofrecerte una alternativa. Porque Disney+ está haciendo lo mismo. Porque todos entendieron que la era del streaming barato era solo el cebo para pescarnos.Los analistas estiman que el plan premium —el que incluye 4K, deportes y los estrenos de Warner en cines— podría llegar a costar 40 dólares al mes. Cuarenta. Eso es más de lo que pagabas por cable hace cinco años, pero ahora sin la opción de compartir la cuenta con tu primo en Rosario porque Netflix ya cerró ese agujero también.
Y acá está el chiste cruel: te prometieron que ibas a tener “todo en un solo lugar”, y técnicamente lo lograron. El problema es que ese lugar cuesta el doble y está diseñado por un algoritmo que prefiere mostrarte reality shows antes que *Casablanca*.
Hay otro problema del que nadie habla todavía. Netflix y HBO Max eran los dos compradores más grandes de contenido original latinoamericano. Series mexicanas, brasileñas, colombianas, argentinas. Dinero real fluyendo hacia guionistas, actores, directores de la región. Competencia entre plataformas por el siguiente hit como *La Casa de las Flores* o *El Reino*.
Ahora hay un solo comprador. Y cuando solo hay un tipo que compra, ese tipo pone las reglas. Salarios más bajos. Menos proyectos aprobados. Más control creativo desde Los Ángeles. La bonanza de la “Guerra del Streaming” se acabó antes de que la mayoría se diera cuenta de que existía.Y Netflix va a seguir produciendo contenido latino, claro. Pero va a ser contenido “globalizado”, diseñado para venderse en Turquía y Polonia tanto como en Bogotá. Menos específico, menos local, menos interesante. El algoritmo premia lo universalmente mediocre, no lo culturalmente singular.Acá es donde la cosa se pone predecible. Latinoamérica ya tiene tasas de piratería obscenas. Magis TV, IPTV truchas, Telegram lleno de links. La gente no es idiota: si le subes el precio del entretenimiento legal en 50% en economías donde la inflación ya te está matando, la gente vuelve a lo informal.
Netflix lo sabe. Por eso ya empezó a presionar a los proveedores de internet para que bloqueen estos servicios.Y mientras tanto, el usuario común queda en el medio, pagando más por menos o sintiéndose criminal por buscar alternativas.La oferta de Paramount Skydance sigue sobre la mesa, y no es descabellada. David Ellison, el hijo del fundador de Oracle, tiene plata y tiene contactos políticos (dicen que es amigo de Trump, lo cual en estos tiempos no es menor). Su propuesta es menos radical: comprar todo Warner y fusionarlo con Paramount, manteniendo las marcas vivas.
Trump ya dijo que la compra de Netflix “podría ser un problema” por temas de monopolio. El IFT en México y el CADE en Brasil van a meter mano seguro. Puede que obliguen a Netflix a sublicenciar contenido deportivo, a vender activos, a no empaquetar todo en un solo plan carísimo.Pero seamos honestos: las chances de que bloqueen esta fusión son bajas. Los reguladores siempre llegan tarde. Las multas son ridículas comparadas con las ganancias. Y al final del día, Netflix va a hacer lo que le dé la gana porque puede.Lo que viene es un streaming más caro, más concentrado, menos diverso. Es el fin de la ilusión de que internet iba a democratizar el entretenimiento. Resulta que solo trasladó el poder de seis estudios de Hollywood a tres plataformas tecnológicas. Cambiamos de amo, no de sistema.Y nosotros, los usuarios latinoamericanos, vamos a pagar la cuenta más alta. Porque siempre la pagamos. Porque nuestros mercados son lo suficientemente grandes como para importar, pero lo suficientemente débiles como para no tener voz. Porque al final, cuando Netflix y Warner deciden qué vemos y cuánto pagamos por verlo, nadie nos pregunta si estamos de acuerdo.
Bienvenidos al futuro. Tiene 4K, algoritmo de recomendaciones y cuesta el doble. Pero al menos todo está en una sola app.
Hasta que suban el precio otra vez.



