Hay una edad en la que las mujeres empiezan a hablar de sexo distinto. No con el pudor aprendido en la adolescencia ni con la urgencia de la juventud, sino con esa calma que solo da haber vivido lo suficiente para dejar de pedir permiso. En la atardescencia , muchas descubren —o redescubren— que el
Cumplir medio siglo en Colombia es una experiencia curiosa. La cultura dominante ensalza la juventud como si fuera la única divinidad válida, mientras la sociedad pretende archivar a las mujeres de 50 a 62 años en la penumbra del descuido. Lejos de resignarse al papel de extra en una película ajena, la llamada “mujer atardescente”[…..]
Hay un instante preciso, casi siempre frente a un espejo mal iluminado de baño de restaurante, en que la vida le pasa a alguien la factura sin previo aviso. Una cana asomándose en la sien, una arruga que ya no se va cuando deja de sonreír, una cicatriz vieja que de repente parece más visible[…..]
Hay una frase que circula por ahí, repetida en revistas de aeropuerto y en charlas motivacionales de fin de año, que promete algo tan seductor como falso: la posibilidad de una “segunda juventud”. Suena bonito. Vende suplementos, cremas, retiros de yoga y algún que otro carro deportivo. El problema es que, mirada de cerca, esa[…..]
Hay una escena que se repite en miles de apartamentos de Bogotá cada noche, apenas los hijos se van de la casa: dos personas sentadas a la mesa, mirándose, y ninguna sabe qué decir. Durante veinticinco años hablaron de reuniones de padres de familia, de la eterna gripa del menor, de quién recoge a quién[…..]
Hay una escena que se repite en las salas de espera de las entrevistas laborales en Bogotá, y casi nadie la cuenta porque da pena reconocerla. Un hombre o una mujer de 54 años, hoja de vida impecable, veinte años de experiencia acumulada como quien acumula callo en las manos, sentado frente a un reclutador[…..]
Hay una edad en la que a uno se le acaba la paciencia para las cosas que nunca le gustaron, y esa edad, contra lo que digan las cremas antiarrugas, no llega con la primera cana sino con el primer “no” dicho sin culpa. A los atardescentes nos tomó su buen tiempo. Cincuenta años de[…..]
Hay un viejo poema de Simone de Bouvier. Una parte dice algo así como:“Envejecí a la francesa: sin alarde, sin ruptura, apenas dejando que el tiempo se asentara.El cuerpo se aprovechó de mi distracción.No sé cuándo decidió envejecer, porque lo hizo de forma silenciosa, casi elegante.Un día yo era movimiento, urgencia, promesa. Al otro, continuidad.[…..]
En Colombia uno no crece: uno sobrevive a una enciclopedia de medicina artesanal, superstición afectiva y ciencia experimental hecha en la cocina. Aquí las abuelas tenían soluciones para todo, aunque muchas veces el paciente terminara oliendo a café, sábila y Vick Vaporub al mismo tiempo. El hipo, por ejemplo, no era un asunto respiratorio sino[…..]
Carlos sabía que la tercera foto era la clave. María también. Carlos no sabía que María sabía y María también lo ignoraba. Se habían encontrado en una app de citas a la que llegaron con desgano y luego de ser empujados por algún amigo cariñoso que buscaba arreglarles lo que consideraba estaba dañado. Ambos sabían[…..]















