El rugido del león de la Metro

Hay un logo que lleva más de cien años abriéndole las puertas al cine y casi nadie sabe cómo llegó ahí. El de MGM. El del león. Ese que ruge antes de que empiece todo. Howard Dietz tenía diecinueve años cuando lo inventó. Era 1916 y trabajaba en publicidad, pero antes había estudiado periodismo en

Sildenafil: ¿Te suena?

Hay una estadística que debería incomodar a más de uno: en Colombia, el 19% de los estudiantes universitarios varones ha tomado sildenafilo. No hombres de sesenta años con el colesterol disparado y una relación de pareja que pende de un hilo. Muchachos de veinte. Con la testosterona intacta, los vasos sanguíneos impecables y —esto es[…..]

¿Cuánto nos valen las guerras?

Hay una pregunta que se hace todo el mundo en el corrientazo del mediodía y nadie responde del todo bien: ¿por qué sigue subiendo esto si se supone que la inflación está bajando? La respuesta corta es que la inflación que miden los economistas y la que le pega al bolsillo de la gente son,[…..]

Así nació el Album Panini

No nos digamos mentiras:Pagar la deuda externa es más barato que llenar el álbum de Panini y  por eso hay algo que Colombia le debe a un kiosco frente a una catedral en Italia.No es poco. Le debe algo así como treinta años de conversaciones entre desconocidos en parques, la primera vez que un niño[…..]

El derecho a morir dignamente

Hay una pregunta que la medicina moderna lleva décadas evitando responder: ¿hasta cuándo?Hasta cuándo se enchufan cables, se conectan máquinas, se recetan dosis. Hasta cuándo se prolonga lo que ya no es vida sino una negociación costosa con la biología. Esa pregunta incómoda, que los médicos aprendieron a pasar de largo y que las familias[…..]

Del caney al bulevar

Hay una cosa curiosa con los himnos: nadie los decreta. Aparecen, y punto. A mediados de los ochenta, un joven que trabajaba de lo que fuera en Nueva York ,lejos de su Valle del Cauca,  se puso a llorar sin más aviso. Lloraba por las montañas. Lloraba por lo que no tenía. Jairo Varela lo[…..]

El miedo no prescribe

Ella tardó dos años en contarlo. No porque no supiera que lo que le había pasado tenía nombre —acoso, lo llaman ahora con una precisión que antes no existía—, sino porque sabía exactamente lo que pasaría después. Sabía que le preguntarían si estaba segura. Que le preguntarían qué hacía sola en esa reunión. Que alguien,[…..]

Un poeta

Óscar Restrepo tiene 56 años, vive con su madre y ya nadie lo invita a leer en los bares de Medellín. No porque lo hayan olvidado —eso requeriría que alguien lo hubiera recordado— sino porque los últimos eventos en los que apareció terminaron, de un modo u otro, en bochorno. Lo echan. Se va tambaleando.[…..]