¿Cómo sobrevivir a un hijo millennial?

¿Cómo sobrevivir a un hijo millennial?

Muchos atardescentes tenemos hijos millennials, es decir seres humanos nacidos entre 1985 y el año 2000 y aunque la historia de la humanidad es la historia de las tensiones entre los padres y los hijos, ésta en particular suele ser muy especial.

En el mundo de hoy, es más fácil etiquetar a alguien, que leer su letra chiquita y por eso se les tilda de egocéntricos, desorientados, inconstantes, interesados por lo nuevo, poco aficionados por la política y por la religión. Según el Dane, las personas con edades entre 20 y 34 años corresponden al 49,7 e la población colombiana ( 25,23 % hombres y 24,24 % mujeres).

Como todo hay que decirlo, los millennials y los centennials en realidad no son un grupo específico de la población, sino una categoría de consumo creada por el comercio para empaquetar a sus sujetos de atención. Son jóvenes y por eso no resulta fácil, ni justo, convertirlos en un hashtag.

La historia de la humanidad es la historia de las tensiones entre los padres y los hijos

Lo primero que hay que entender es que los millennials son parecidos pero no iguales. Es decir, pueden tener comportamientos similares, pero por razones diferentes. Ni a todos les gusta viajar, ni todos odian la idea de constituir una familia, ni todos tienen gato, ni a todos les importa poco el futuro del país, ni a todos les gusta el reguetón.

Aunque internet cumplió ya 50 años, ellos no son propiamente nativos digitales sino inmigrantes digitales, es decir, que nacieron cuando las redes sociales empezaban a ser lo que son hoy, se adaptaron y se apropiaron de ella, por lo que son expertos funcionales.

Los millennials son parecidos, pero no iguales

Primer consejo: No le pida a su hijo consejos acerca de  cómo instalar una aplicación, o cómo subir una foto en el whatsapp. Ellos no tienen paciencia y lo despacharán en 30 segundos, más confundido que antes. Para eso existe Youtube.

Segundo consejotampoco les pregunte qué es Youtube. Cacharree en el computador hasta encontrarlo.

Tercer consejo: Nunca, y cuando decimos nunca es nunca, agregue a sus hijos a sus cuentas de Facebook ni a las de Instagram. Si no quiere morir pronto, NUNCA agregue a uno de los amigos de sus hijos.

Cuarto consejo: Asuma la idea que ese pequeño bebé que lo despertaba para que jugaran en el parque o esa hija cariñosa que le hacia peinados con menjurjes y con mimos, ya no existen. Hoy son seres autómatas, cuyo mayor rasgo de cariño es decirle “ hola pa”, “hola ma”. Si necesitan algo de dinero, pueden agregar tres o cuatro frases más. Si quiere que le hable un poco más, demórese unos días en pagarle el celular.

Quinto consejo: Si años atrás cayó en la trampa de comprarle a su hijo una mascota, bien sea perro, gato o león, asuma que de ahora en adelante,ese será su mejor amigo. El nivel de paciencia de un millennial con su otrora mascota, dura apenas un minuto. Para él, Emilio,Cleo o Astro, son su responsabilidad.

Sexto consejo: A muchos millennials, les gustan los tatuajes y los piercing. Tampoco sufra por eso, porque se lo harán de todos modos. Intente que lo hagan en un sitio medianamente limpio y en lo posible, revise la ortografía de lo que se van a hacer.

Séptimo consejo: Si va a una reunión familiar o va a visitar a su mamá, no luche contra la costumbre millennial de no hablar y de no socializar. Su vida ahora está en el celular y poco le importa lo que diga la abuelita

Octavo consejo: Sus hijos, nunca le contarán lo que les pasa, a no ser que se vean con el agua al cuello. Para eso tienen a sus amigos, tan inexpertos como ellos, pero mucho más confiables que usted.

Noveno consejo: Si su hijo millennial consigue un trabajo, dese por bien servido sin aún se queda en casa para que le laven la ropa y le consientan los guayabos. No intente darle consejos sobre cómo invertir lo que se gana, ni espere que se acuerde de su cumpleaños ni de su regalo en navidad. Lo máximo que harán es preguntarle a usted qué quiere e ir de mala gana a comprarlo.

Décimo consejo: No se escandalice si escucha ruidos raros en su casa. Es su hija o su hijo que duerme en compañía de un amigo o una amiga. Intente sonreír y no haga escándalo.

Consejo final: Haga memoria, porque lo que hoy le molesta de su hijo, es lo mismo que le molestaba a su papá de usted.

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