Transcurrían apenas siete minutos del encuentro Colombia Ghana. El goleador Jhon Córdoba sintió un fuerte dolor y en pocos segundos advertimos que se iría de la cancha. Parecía un mal presagio que el técnico Lorenzo se viera obligado a un cambio tan prematuro frente a una selección africana con jugadores enormes, de gran talla y frente a la mirada penetrante de Carlos Queiroz, que quería cobrar cuentas de su tempestuosa salida de Colombia.
Entró Luis Suárez, y solo en escasos minutos el propio Suárez encontró la llave del gol. Recibió de Daniel Muñoz y, en vez de tocar de primera, se internó con la pelota, buscó la raya final, lanzó el centro al segundo palo y allí, completamente solo, estaba John Arias, quien anotó con relativa facilidad. Tal vez, estábamos preparados para un juego largo, dispendioso, con un rival espeso y de granito, y creíamos que no sería tan sencillo llegar al gol. Pero no fue así. Colombia se apoderó de la pelota y a lo largo del juego Ghana no alcanzó a inquietar al arquero Camilo Vargas.
Vimos a un equipo fluido, con toque corto y rápido, con cambios de frente cuando fueron necesarios, con James tirado atrás para que no lo absorbiera la marca, pero, sobre todo, con Gustavo Puerta. Puerta, conector. Puerta siendo el Vitinha del PSG. Puerta siendo el Xavi de la España de 2010. Puerta siendo el Busquets del deslumbrante Barcelona. El juego, hoy más que nunca, empieza ahí, a solo metros de la defensa y a solo metros de creadores y delanteros. Ahí es cuando el equipo empieza a juntarse, le gana al rival en espacio, en tiempo, en número de jugadores alrededor de la pelota. Es ahí donde se conforma el equipo, donde todos, jugando más cerca de la pelota, generan juego y no dependen ni de James, ni de Díaz. Dependen del colectivo. No es una de las partes la que hace el todo; es el todo unido, sin jugar para uno o dos jugadores, sino con la idea de tomar la pelota y llegar al gol, como hacen los equipos de élite. Puerta es la llave, y Lorenzo la ha descubierto. Lorenzo se ha impuesto a los escépticos, incluido quien esto escribe.
Hacía solo minutos habíamos terminado de ver con asombro cómo el modesto equipo de Cabo Verde, que por primera vez asiste a un mundial, puso contra las cuerdas a la Argentina de Messi. Porque sí, es la Argentina de Messi. Sólo él tiene las ideas. Sólo él tiene la imaginación y flota entre rivales y los somete. Vimos, tal vez, en el partido más bello del Mundial, al impasible arquero Vozinha, eludiendo delanteros argentinos, saliendo con la pelota como si fuese un zaguero central, atajando los tiros libres de Messi. Y vimos a Sidny Lopes Cabral, un ilustre desconocido hasta ayer, correr por la izquierda, recortar hacia adentro, alistar su pierna derecha y patear al segundo palo, y vimos la impotencia del gran Dibú Martínez y cómo Lopes Cabral partió a correr y, en medio de su emoción, se lanzó a la tribuna, se internó en ella y solo detuvo su frenética celebración cuando se halló en los brazos de un familiar, una mujer que con lágrimas lo abrazaba, con asombro, como incrédula de lo que sucedía, y, creo, fuimos muchos los que terminamos cantando el golazo de Cabo Verde, el empate parcial a dos goles, y vimos los rostros estupefactos de Scaloni, de Messi, de los miles de hinchas argentinos. El campeón del mundo contra las cuerdas por causa de un primerizo en los mundiales. No lo podíamos creer.
Alemania y Holanda se han marchado muy pronto. Los teutones por su fútbol precario. Los holandeses por físico miedo de su técnico Koeman. Francia parece la dueña y señora del torneo, como si estuviera en otra galaxia. Marruecos es poesía en el césped. Esa manera de tocar y tocar, de adormecer al rival y de pronto el cambio de ritmo, el zarpazo y el regreso a la filigrana, a la arquitectura marroquí, con sus arcos de herradura, con sus intrincados azulejos, con sus castillos de adobe, el arte de Hakimi por la derecha, las ideas de Yassine Bounou en la mitad, la pegada letal de Ismael Saibari.
De manera que Marruecos y Colombia tienen similitudes. Los ojos del mundo no reposan en la España de Luis de la Fuente, pues el joven Yamal aún no despierta en su totalidad. Los ojos del mundo admiran a Colombia y a Marruecos. El siguiente rival de Lorenzo será la dura Suiza con un brillante creador como Granit Xhaka, zurdo, inteligente, sutil, sabio para caminar la cancha. Tienen los suizos dos delanteros rápidos y hábiles como Johan Manzambi, escurridizo, de zancada larga, buen driblador, y Breel Embolo, fuerte y con gol.
Tiene Colombia el reto más importante. No destruirse a sí misma. No embelesarse con su presente. Que no la toquen los políticos. Que no entren los ávidos empresarios a marear a los jugadores con jugosos contratos de Real Madrid, Barcelona o el Bayern Múnich. Que no le rindan homenajes. Que no nos creamos campeones ya. Que no endiosen a los jugadores. Que no menospreciemos a los rivales. Que no le den la Cruz de Boyacá a Lorenzo. Que no se dejen adular por la prensa. Que hagamos oídos sordos a los sibilinos e hipócritas elogios de los rivales. Que tengamos mesura y justa medida. Que vayamos paso a paso, como si afrontáramos la peor de las tormentas.



