Emprendimiento atardescente

Emprendimiento atardescente

El emprendimiento, es sin duda alguna, una puerta gigante para todos los atardescentes. Es un hecho innegable que estamos en la edad de arrancar de nuevo, porque tenemos aún la fuerza, la motivación, las ganas y  el conocimiento. Muchos hemos sido empleados, pero a nuestra edad, bien vale la pena intentar algo nuevo, que nos conecte con la vida y sobre todo con nuestro corazón. Ideas hay muchas y cada cual tendrá la propia. Sin embargo, hay un hecho insoslayable  y es que en el mundo en qué vivimos la comunicación digital resulta indispensable.

En mercadeo ( que nos es más que otra forma de comunicación)  existe un axioma infalible: En alguna parte hay alguien con una necesidad que resolver  y  más cerca o más lejos hay alguien con una solución que la satisfaga. Así, el mundo digital nos acerca, nos pone a un clic de distancia. Sin embargo, en esta gran polución de contenidos que circulan en la red y nos agobian, no basta con tener un buen producto. Muchos lo tienen. No basta con tener una página web atractiva. Muchos la tienen. No basta con ofrecer contenidos de calidad. Muchos lo hacen.

Estamos en la edad de arrancar de nuevo, porque tenemos aún la fuerza, la motivación, las ganas y  el conocimiento.

El lector digital vive de prisa y por eso  resulta clave marcarle un camino, facilitarle las cosas, focalizarle el esfuerzo y  por eso nuestros contenidos deben ser un llamado a la acción, deben ser claros, sencillos, concisos contundentes, precisos, propositivos, sin perder nunca de vista que el objetivo final siempre será entablar una conversación, establecer un diálogo, poner en común, es decir, construir una comunicación.

 

Por eso, no es una tarea fácil. No existen fórmulas exclusivas y excluyentes  acerca de cómo hacerlos, porque si bien esperamos que estos “ empujen” un accionar, la primera pregunta para hacerlos realmente efectivos antes de qué queremos que haga, debe ser el  para qué queremos que lo haga. Planificar y mucho menos planificar estratégicamente, son conceptos que parecen no haber permeado la comunicación  y la construcción de contenidos, sino que se atiende a la chispa creativa de las personas o al impulso vital de hacer cosas. De esa forma es mucho lo que se trabaja y poco lo que se conoce acerca de en qué forma impacta el quehacer de la comunicación, los objetivos propuestos bien sea por los individuos o bien sea por las organizaciones.

 

En resumen, nuestros contenidos deben ser un deseo expresado en forma de meta, es decir: realista, posible, específico, medible y con un plazo. Si bien son un llamado a la tarea, no podemos perder de vista que detrás de ese deseo  o reticencia a hacer un clic, existe un ser humano por lo que la esencia básica de estos elementos es la invitación a dialogar, a poner en común necesidades y soluciones y asegurar una relación estable o por lo menos duradera.

 

La construcción de contenidos, más que una actividad táctica es una actividad estratégica donde debe primar la claridad  en los objetivos que se persiguen y se quieren alcanzar. Y aunque parezca de Perogrullo, debemos estar preparados para satisfacer plenamente las  promesas que hagamos. De lo contrario, tal vez sea mejor no invitar a nada…

 

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