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La película se repite una y otra vez. El anuncio del juego Colombia-Argentina, la gran expectativa que se genera, el ruido optimista de los medios de comunicación, el recuerdo del 5-0, la ilusión de que esta vez sí, el argumento de que nuestros muchachos son unos guerreros, el juego en sí, el ímpetu inicial de Colombia, el desvanecimiento del equipo, la inevitable derrota, la búsqueda de culpables y la convicción de que no somos nada.

El fútbol, que tiene mucho de parecido a lo que ocurre en los países, nos muestra que material humano hay, y de sobra. Tenemos jugadores hábiles, de buena talla, de gran condición física. En el plano de la vida colombiana, tenemos buenos trabajadores, gente que madruga, que lucha por sacar adelante sus familias, pero ni en fútbol ni en la vida cotidiana podemos ver un salto hacia un título o hacia un país más desarrollado. Nos quedamos estancados en medio de nuestras cualidades y de las ilusiones que nos hacemos.

Como país, digo como país político, todo parece diseñado para que Bogotá sea el centro, el eje de pensamiento, la única gran casa que ofrece oportunidades y la única gran casa que dicta las directrices. El centralismo del que tanto se quejan las regiones. No tenemos un país pensado a largo plazo. Es un país hecho a la medida de las élites. Difícil encontrar un dirigente político o que las mismas élites piensen como país en grande, como, por ejemplo, sí hicieron Corea del Sur y Turquía, con la revolución laica que promovió el gran Ataturk. De manera que no tenemos una línea de pensamiento que nos permita tener algo de trascendencia en la región y en el mundo. En términos futbolísticos, hemos venido jugando a lo mismo. Y los resultados no pueden ser diferentes.

En selecciones Colombia ha ocurrido algo similar, con la excepción de una parte del proceso de Maturana, que condujo a nuestro fútbol a las élites mundiales. Hubo, en ese entonces, una idea de juego, una propuesta, que, con el estruendoso fracaso del Mundial del 94, pasó al olvido. De manera que no tenemos un proyecto de fútbol como tal. Tenemos un centralismo de unos directivos que buscan su beneficio personal, hacen negocios para sus amigos, tienen el control del fútbol, pero no lo han pensado. Pensarlo es preguntarse qué idea de juego deben tener las selecciones Colombia de todas las categorías, cómo se puede llegar a esa idea, qué objetivos se fijan, cuáles son los entrenadores que, a largo plazo, desarrollen el proyecto. Vamos en el día a día.

Y nos encontramos con la selección sub 20 de ahora. Es difícil determinar a qué juegan. Un día salen a defenderse y a contragolpear. Otro día optan por hacer presiones altas y subir el bloque defensivo. Cada vez que el equipo se pone en ventaja, decide atrasar sus líneas y defenderse. Pero no hay un patrón de juego. No hay una idea concreta. Terminamos jugando al paso de las circunstancias.

Los argentinos, tras su fracaso en el Mundial de Rusia, escogieron un líder, el técnico Scaloni, y se pusieron a tono con lo que nos mostraba el fútbol mundial. Los directivos lo sostuvieron, lo respaldaron y Argentina ganó una Copa América en Brasil, luego fue campeón del mundo, volvió a ganar la Copa América frente a Colombia y terminó primera en la eliminatoria. ¿Son tan brillantes sus jugadores? ¿Son de otro planeta? No veo tanta diferencia con los colombianos, pero ellos hace mucho tiempo definieron un rumbo y lo han consolidado. Todas sus selecciones tienen un patrón de juego, no actúan como entes aislados. La idea de Scaloni está presente en todos los niveles.

Aquí no hay proyecto. No hay una mirada larga. El directivo, como el político, solo ve lo que sucederá en el siguiente torneo o en las siguientes elecciones. Perdemos con Argentina no por culpa de Emilio Aristizábal, que no se decidió a patear, o por la ingenua expulsión de Rentería o porque Arizala no cuidó su sector en el gol argentino. No, eso es coyuntural. Las derrotas son estructurales. No hemos pensado nuestro fútbol. No hay un directivo que lo piense. Todos, empecinados en llenarse los bolsillos con la venta de jugadores, han olvidado la esencia. No saben cuál es el camino. Avanzan por él en medio de la niebla. Por estas razones, Argentina nos seguirá ganando y entre más crucial y más decisivo sea el juego, ellos tendrán la ventaja

Colaboración especial de Gabriel Romero  Campos @gallonocturno

 

 

 

 

 

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