Empecé a trabajar antes de que me tocara. De esos trabajos que no aparecen en ninguna historia laboral porque nadie los registra.Cotizando en serio empecé después. Primero en un fondo privado porque sí, porque así llegó, porque uno a los veintipocos no pregunta dónde lo inscriben sino cuándo le pagan. Luego en Colpensiones, en distintos momentos, por distintas razones. Mi historia laboral es exactamente eso: una historia, con sus capítulos discontinuos, sus saltos de género, sus años gordos y sus años flacos.No me arrepiento de ninguno de los dos.
Hay una nostalgia particular en revisar casi cuarenta años de trabajo cuando uno todavía está en la mitad de algo. No es la nostalgia del que terminó, que tiene la comodidad de la perspectiva completa. Es una nostalgia más rara, más incómoda: la del que mira hacia atrás sin haberse detenido, como cuando uno voltea a ver el camino desde la mitad de la montaña, todavía con el sudor fresco y las piernas activas.
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