Óscar Restrepo tiene 56 años, vive con su madre y ya nadie lo invita a leer en los bares de Medellín. No porque lo hayan olvidado —eso requeriría que alguien lo hubiera recordado— sino porque los últimos eventos en los que apareció terminaron, de un modo u otro, en bochorno. Lo echan. Se va tambaleando.
Hay una foto que nadie ha tomado todavía pero que existe. Es la de una mujer de 62 años en Bogotá, levantándose a las siete de la mañana a revisar en el celular cuánto le está rindiendo su CDT en el Banco de Bogotá, mientras su nieto de 17 años duerme en la pieza del[…..]






