Robert Francis Prevost nunca quiso ser noticia en San Francisco. Pasó décadas en Chiclayo, en las márgenes de una Iglesia que prefiere los márgenes a los reflectores, y cuando lo eligieron papa en mayo de 2025, los titulares celebraron al “primer pontífice estadounidense” con la misma superficialidad con que se festeja un partido de béisbol.





